martes, 1 de abril de 2014

Una comedia romántica y la protagonista

Noticia, 20 años no importan, o como no imitar bien la rom-com americana - 16/02/2014 4:55:34

" Sí, el cine francés tiene un modelo de financiación y distribución envidiable y además, ya nos gustaría que el gobierno, los medios de comunicación y el público lo apreciaran y apoyaran tanto en España. Pero señores, en Francia también se hacen malas películas y más de las que pensáis, y que muy pocas veces llegan a nuestro país. Casualmente, hace unos días, una de estas películas llegó a nuestra cartelera como un suspiro y apuesto que ni el 70% de vosotros se ha percatado de ella.
Se trata de "20 años no importan" ("20 ans d"écart", 2013) de David Moreau, una comedia romántica que pretende copiar el estilo rom-com más cutre de Hollywood con todos sus estereotipos forzados al cuadrado. En la cinta conocemos a Alice Lantins (Virginie Efira), una mujer de 38 años. Es bella, ambiciosa y hace muestra de un impecable compromiso profesional hasta el punto de olvidarse de su vida privada. En definitiva, ella tiene todo para llegar a ser la próxima redactora en jefe de la revista "Rebelle". Pero cuando el joven y encantador Balthazar (Pierre Niney), de apenas 20 años, se cruza en el camino de Alice, la opinión de sus compañeros de trabajo, va a cambiar irremediablemente.
La madura y el jovencito

Mujer madura en plena crisis laboral y sentimental se deja conquistar por un jovencito para sorprender y demostrar que todavía es una mujer apetecible a sus compañeros de trabajo. Obviamente spoiler, pero no es muy díficil averiguarlo, acabará enamorándose de él, rompiendo barreras y prejuicios. Aburrido. Muy aburrido y predecible. Así es "20 años no importan", la primera incursión en la comedia del realizador francés tras las inéditas en nuestro país "Ellos" ("Ils", 2006) o "The Eye" (2008). Y es que al parecer Moreau ha visto muchas comedias románticas, tantas que ha decidido seguir su estructura paso a paso obteniendo como resultado una cinta más para el montón, sin personalidad ni nada que la haga remarcable, ni siquiera su reparto.
No hay nada peor que intentar imitar un género cinematográfico e imitar su peor versión. Esto es precisamente de lo que peca "20 años no importan", que imita lo peor de la comedia romántica made in Hollywood, incluyendo sus tópicos exagerados o su falta de originalidad. Porque una cosa es tener referencias buenas o malas y otra es copiarlas y mal. El guión es forzado, cuadrado y poco sútil con unos puntos de giro predecibles y hasta desesperantes, con una fotografía tan líneal y plana como la de las peores series de televisión.
Pierre Niney

Y para que una historia fluya y resulte interesante, los personajes tienen que ir en concordancia con la trama y evolucionar que ella. Sí, aquí los personajes también evolucionan aunque la trama sea tan previsible, pero lo hacen de una forma tan plana y estereotipada y llevada al extremo que a veces resultan demasiado caricaturescos todos los personajes secundarios y hasta la protagonista en alguna ocasión, restándole credibilidad y alejándose del tono que pretende. Ni siquiera el reparto sobresale sería un incentivo, claro y sólo cabe destacar la presencia de Pierre Niney, una de las nuevas revelaciones del cine francés, que demuestra su encanto con ese aire tan francés y de Nouvelle Vague. Desaprovechadísimo, claro.
"20 años no es nada" termina convirtiéndose en la película ideal para ponerse un fin de semana de tarde y terminar dando más de una cabezada. Llena de tópicos, sin sorpresas y previsible, la cinta de Moreau pretende ser como cualquier comedia romántica protagonizada por Katherine Heigl, pero sin el pequeño encanto de la rubia actriz americana. Eso sí, si van a verla, fíjense en Pierre Niney, que va a dar mucho que hablar.
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Noticia, Reese Witherspoon será una princesa que descubre lo que sucede tras el final feliz - 05/10/2013 2:15:43

" Un elemento que suele ser muy criticado del cine en general es el final feliz. A menos que estemos en alguna nube emocional, no convence que todo acabe bien en una película, resulta forzado, falso; la vida no es así, pensamos. Por otro lado, a veces molesta por previsible, vemos a la pareja protagonista en el cartel y ya sabemos que superarán todos los obstáculos y acabarán juntos. Es normal sentir que hemos perdido el tiempo porque no nos han sorprendido lo más mínimo, de principio a fin hemos vuelto a ver lo mismo de siempre. "Happily Ever After" intentará romper con lo habitual.
Nahnatchka Khan ha tenido la fortuna de vender a Walt Disney Pictures un proyecto de comedia romántica que parte del típico final feliz de cuento. Una princesa conoce a un príncipe y se casan. Así terminaría todo, el fundido a negro y los créditos. Sin embargo, el núcleo de la historia de "Happily Ever After" arranca a partir de ahí, diez años después de que la pareja se declare amor eterno con un perfecto beso al atardecer; el tiempo ha pasado, las cosas no son como esperaban y la relación se enfría…
Puede salir algo divertido, ¿no os parece? Reese Witherspoon actualmente en cartelera con la estupenda "Mud" (Jeff Nichols, 2012) ha firmado con el estudio para interpretar a la protagonista femenina y participar como productora. De momento no hay nadie en la silla de director ni fecha para el comienzo del rodaje.
PD: El divertidísimo corto "Dan the Man" tenía un punto de partida similar.
Vía | TheHollywoodReporter
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Es Noticia, Lola Versus, como si empezáramos de nuevo - 13/07/2013 5:07:16

" Lola (Greta Gerwig) ve como su vida da un vuelco cuando su boda es súbitamente cancelada y su novio (Joel Kinnaman) decide romper con ella. Incapaz de salir adelante, intentará descubrir qué debe hacer con su existencia con la ayuda de sus mejores amigos, Henry (Hamish Linklater) y Alice (Zoe Lister Jones).
"Lola Versus" (id, 2012) empieza donde muchas historias de amor terminan, y es en el anuncio de una boda. Pronto ese compromiso se rompe y no hay tal boda, pero su final no es la recuperación del amor. Porque esta película, dirigida el pasado año por Daryl Wein, es una historia de amor que no contiene romance, y por ello es una agradable sorpresa.
Qué raras son todavía las historias con grandes personajes femeninos en el cine. Parece que ya sea por Kristen Wiig o por Lena Dunham, ambas apadrinadas por Judd Apatow, empiezan a producirse historias más o menos distintas con heroínas femeninas. Pero todavía más raro es ver a una mujer que no esté construida o dibujada en base a sus dependencias amorosas y que todos sus problemas se resuelvan así.
Y no digamos ya cuando con la excusa de hacer una comedia con un punto de vista supuestamente femenino, se tira de un mar de topicazos y se terminan haciendo historias con un hombre decepcionante y caricaturesco y otro más o menos salvador, perfecto y simpático. Wiig, con la excelente "La boda de mi mejor amiga" (Bridesmaids, 2011) rompió con muchos de esos tópicos y presentó una historia de amor absolutamente conmovedora y carente de trampas.
Esta película de Daryl Wein, con una excelente y adorable Greta Gerwig en el papel protagonista, sigue esta línea y va más allá incluso: es una historia de la recuperación del amor propio , que no de la autoestima , y de afirmación vital , e individual , en proyectos más allá de lo que se suponía que era el destino o lo que se debía hacer. Es una película que afirma a una mujer en su potencial laboral y en su capacidad reflexiva tras un marasmo emocional y por ello mismo es una sorprendente y refrescante rareza. La película enfatiza la importancia de que la protagonista tome las riendas de su existencia, termina una tesis doctoral (incompleta) sobre el poeta Stéphane Mallarmé y deje de atribuir al amor de un hombre la cualidad de permanente rescate en la que tanto insiste toda ficción amorosa reciente.
La película, como su protagonista, parece anunciar unas peripecias argumentales más convencionales que nunca suceden y ello también es debido a la labor de los actores, desde Joel Kinnaman en el papel de un inmaduro que no es tampoco una persona demoníaca o idiota, sino alguien con los consabidos temores al compromiso hasta Hamish Linklater, creíble como el amigo que se ve atrapado en medio de una ruptura y cuyo papel de salvador no es otra cosa que un equívoco emocional , tal y como suele suceder en la vida real. Es cierto que gran parte de los aciertos son de Greta Gerwig, actriz descubierta en los fueros del mumblecore, y con un talento más cercano a Katharine Hepburn que a la escuela de muchachita adorable surgida de los estrellatos de Julia Roberts o Meg Ryan, y cuya interpretación no se basa tanto en ser una cautivadora dama como en una persona con personalidad, frágil, temperamental pero finalmente audaz e inteligente.
Es cierto que el cineasta Wein es mucho más hábil con los sentimientos que con la comedia. No parece comprender en modo alguno todos los gags que él y su coguionista Lister Jones insertan en la trama y el ritmo que ha escogido para su película no es exactamente uno que sea divertido. Sus actores están mucho más convincentes cuando se alejan de los sentimientos. En ese sentido, es muy probable que "Girls" (2012-) sea, naturalmente, mejor como comedia, pero esta película merece ser rescatada para todos aquellos que crean que en la llamada comedia romántica hay todavía tentativas para reinventarla y para negarla, para hacer un tipo de ficciones que se ocupen del amor y su ausencia, sin prometernos destinos cursis o abocarnos a la desesperanza.
Esta es una muestra con no poco interés.

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Que opina? El lado bueno de las cosas, en busca de la felicidad - 24/01/2013 13:56:28

" Una de las grandes corrientes de Hollywood de los últimos años es la creación de producciones con un impostado aire indie entre las que cada año suele sobresalir una cuando llega la temporada de premios. La última gran representante de esa estirpe ha sido "El lado bueno de las cosas" ("Silver Linings Playbook", David O. Russell, 2012), en cuya promoción no se está teniendo reparos en calificarla como la película con mejor rollo del año al mismo tiempo que recuerda lo doloroso que puede llegar a ser el amor. Esta dualidad la define perfectamente, siendo la fuente de muchas de sus virtudes y defectos.
Lo primero que hay que saber sobre "El lado bueno de las cosas" es que es una comedia romántica, ese subgénero que a menudo nos regala producciones maniqueas únicamente destinadas a aquellos espectadores que gozan de la distorsionada visión del amor que nos ofrece el cine más comercial. Es indiscutible que estamos ante una producción que toma varios elementos que bien podrían aparecer en la próxima cinta protagonizada por Reese Witherspoon, pero David O. Russell no deja que eso canibalice su intentona de ofrecer una visión más natural del amor y el dolor humano.
Russell siempre ha tenido una fama de director conflictivo, siendo especialmente célebre su discusión con Lily Tomlin durante el rodaje de la olvidable "Extrañas coincidencias" ("I Heart Huckabeess", 2004), aunque también se dice que llegó a pelearse físicamente con George Clooney mientras grababan el final de "Tres reyes" ("Three Kings", 1999). No parece una mera coincidencia entonces que el protagonista de "El lado bueno de las cosas" sea bipolar y sufra terribles accesos de ira, y tampoco que eligiese a Bradley Cooper, ya que el protagonista de "Resacón en Las Vegas" ("The Hangover", Todd Phillips, 2009) confesó a Russell que él había pasado por una etapa autodestructiva que ya había dejado atrás, siendo en ese delicado periodo de transición donde "El lado bueno de las cosas" incide con especial agudeza.
Ya era un cineasta caracterizado por personajes , o situaciones- llevados al extremo, pero aquí eso se revela en forma de enfermedad que corre el riesgo de destruir la vida de sus principales protagonistas. La recomposición individual y la peculiar actitud de los personajes es más que suficiente para que el previsible triángulo amoroso que se plantea no resulte algo molesto, sino una etapa clave para alcanzar esa ansiada felicidad. Todo esto queda reflejado de forma directa en una secuencia inicialmente controlada por un renacido Robert De Niro , he perdido la cuenta de los años que hacía desde su última gran actuación-, pero que acaba siendo otro momento más en el que Jennifer Lawrence demuestra su desbordante talento.
La magnética presencia de la protagonista de "Winter"s Bone" (Debra Granik, 2010) está a punto de comerse la película, pero justo es reconocer que Bradley Cooper, un intérprete que había vivido hasta ahora de su presencia más que de sus dotes interpretativas, sabe llevar bien el peso del relato pese a lo frustrante que llega a hacerse que el espectador sepa mucho antes que él sus sentimientos hacia la primera. Es en la relación con su ausente esposa , únicamente hace acto de presencia en el momento más inoportuno y no teniendo más trascendencia que la de incidir en su papel como molestia para el romance verdadero que se nos ha presentado- donde "El lado bueno de las cosas" presenta varias debilidades, ya que sólo consigue enganchar al espectador cuando muestra el dolor del protagonista, siendo totalmente intrascendentes sus intentos por recuperarla. No deja de ser una reaparición de su destructivo pasado que le impide avanzar a él y a la propia película, pero hace desfallecer a una cinta que acierta a la hora de mostrar los procesos para la regeneración de la capacidad de amar a otra persona y los vínculos con tus progenitores.
La otra gran concesión de la película a lo convencional es la ya famosa escena de baile en la que Lawrence da rienda suelta a esa sensualidad que amenazaba con explotar en cualquier momento , hasta entonces lo hacía de forma meramente verbal con su confesión sobre lo que hace para intentar sobrellevar la muerte de su marido- . Se agradece que Russell rehuya los subrayados habituales que podrían haber convertido a "El lado bueno de las cosas" en una comedia romántica del montón con el disfraz de cine indie profundo, pero le falta un poco más de arrojo, tanto formalmente , bastante anodina si lo comparamos con "Lincoln" (Steven Spielberg, 2012), cinta ante la que probablemente sucumba en su lucha por el Oscar- como argumentalmente, donde no todos los apuntes cómicos funcionan igual de bien , sorpresa agradable la presencia de Chris Tucker, eso sí- y la densidad de su reflexión no llega a resultar tan fascinante como se propone.
He de reconocer que nada más ver "El lado bueno de las cosas" la "desprecié" un poco al ver en ella poco más que otra película indie de mentira más o menos bien resuelta, pero lo cierto es que es una buena película, algo lejos de ser mi preferida entre las aspirantes al Oscar de este año, pero con no pocos atractivos , la vibrante presencia de Jennifer Lawrence y el poder ver la mejor actuación de Robert De Niro en muchos años son los más llamativos, pero no los únicos- que justifican su visionado y el prestigio que ha conseguido.
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Noticia, Obras maestras según Blogdecine | El bazar de las sorpresas de Ernst Lubitsch - 12/01/2013 4:34:06

" Un joven vendedor de una tienda de regalos de Budapest, Alfred Kralik (James Stewart) mantiene un romance platónico por correspondencia. Preparando su primer encuentro con ella, asume sus problemas salariales y se encuentra con una anodina compañera de trabajo (Margaret Sullavan) que resulta ser su idealizada dama.
Desde luego, para descubrir quienes somos hay que mentir. Habremos de mentir. Pero ¿no lo hacemos a diario? Las mentiras (piadosas, importantes, pequeñas o mayores) cubren nuestra existencia, incluso más allá de esa esfera social que nos invita en la cortesía. Pero ¿y decidir que la mentira es un uso retórico magnífico para encontrar la verdad?
Táctica teatral ¿verdad? William Shakespeare la conocía. En una de sus mejores comedias, La duodécima noche o lo que queráis, la usa con fines tremendamente exitosos: al tiempo que nos hace reír, nos recuerda que el amor son también las confidencias o lo que queremos que los otros vean.
Lubitsch, que tenía un temperamento heredero de los momentos más burlones del dramaturgo inglés, entregó aquí su mejor comedia, con el habitual uso de fuentes y aliados. Basada en la obra de teatro Parfumerie de Miklós Laszlo y adaptada por Samson Raphaelson y un no acreditado Ben Hecht, la película, producida y dirigida por Lubitsch, lleva también su genuino sello y su capacidad de usar, de manera brillante, "todos y cada uno de los puntos de vista individuales, siempre y cuando convenga". Así de bien lo ha dejado ya glosado el crítico Dave Kehr.
Los giros argumentales son verdaderamente importantes. Para los personajes y los más avezados espectadores. James Stewart encarna con un registro magnífico, idealista pero dando brotes mezquinos a su personaje, a un atribulado vendedor de una tienda de regalos llamado Alfred Kralik, agobiado, principalmente, por su relación con su jefe, Hugo Matuschek (Frank Morgan). También está ilusionado pues ha conocido a una mujer culta, sorprendente, y prepara su primer encuentro: todo su romance ha sido por carta. El platonismo se engrandece en cada línea, y el primer encuentro debe ser perfecto.
Tras una pelea sobre una estúpida caja de cigarrillos que al abrirse contiene una canción rusa tradicional, Matuschek contrata a la joven Klara Novak, que la vende haciéndola pasar por una cajita de dulces. Es la interpretación de Margaret Sullavan, prácticamente la protagonista del film, la que compone toda la película. Su actitud, neurótica y oscurecida, la que nos encandila por sus fueros narrativos.
La película nos presenta aquí su punto más discutible, pero no en la ficción y su desarrollo. El jefe cree que el empleado está teniendo un romance con su esposa, Pepi (William Tracy), pero su sospecha es parcial: es con el amigo de Alfred, también trabajador, Ferencz Vadas (Joseph Schilkdraut) con el que está sucediendo tal romance.
Por supuesto, una vez sucede el primer encuentro, las mentiras se expanden: en vez de revelar su identidad de amante del papel, Kralik miente, decepcionado al comprobar que es su tediosa compañera la que él había imaginado como dama elevada. Empiezan, entonces, los enredos hasta llegar a un final inesperado y conmovedor.
El acierto mayor de esta comedia está en todo su desenlace, en la medida en que todos los enredos no solamente sirven como brillante exhibición de progresión dramática y complicaciones que no dejan de darnos mayores matices sobre la Historia, sino que llevan el dilema hasta la culminación, algo que rara vez se ve en cualquier comedia romántica contemporánea.
¿Cual es el dilema de la película? Alfred decide no revelar su identidad y poner a prueba a su futurible novia en comparación con la mujer de las cartas, de la que él se piensa enamorado. Pero ¿qué le falta al hombre de la historia? Tal vez un espejo. ¿Somos las mismas personas ante nuestros amigos o nuestros compañeros, donde dejamos que lo desagradable emerja sin ser tan exigentes, que con nuestros amores?
Es un amor imposible, desde luego. La introducción es memorable, al respecto. Un hombre en una tienda de regalos, su vida es corriente y de repente: las palabras. Se empiezan a materializar sueños, caminos, su imaginación ya desbordada. Y cuando busca la verdad, necesita otras mentiras. Pero solamente al final, cuando comprende que tras las palabras no hay una actuación sino una parte, una parte que por alguna razón no estamos dispuestos a mostrar con facilidad, es cuando aprende a conocer a Klara.
¿Qué solución brillante propone Lubitsch? Que la verdad surja con el uso de otras mentiras. En la última escena, así sucede. Klara dice haber conocido a su amante misterioso, lo describe como gordo, desempleado y calvo. Y también confiesa haber querido a Alfred, el mismo pero otro, cuando era "naif y boba" y entró a trabajar en la tienda. En el trasiego de esas afirmaciones, el amante dice ser ambos para poder ser único.
La sinceridad había de ser dolorosa, pero se carga de sentido. Si, claro, queríamos juzgar al otro porque había otro más lejos. Y Lubitsch, que necesita elegantes y magníficos movimientos de cámara para desvelarnos sus ideas, nos deja claro que la distancia genera un montón de dependes en el deseo. Pero que esos quizás no son siempre estratagemas, mentiras, barnices.
Se vende una caja de cigarrillos con música dentro para ser una cajita de dulces. Pero es una mentira, diremos al principio. Y luego pensaremos que quizás no, quizás puede ser lo que queramos que sea, si, efectivamente, podamos dar otro uso. En esos quizás, dibuja esta obra maestra sus matices: una venta, un espacio lejano del tiempo ansiado en cartas y del tiempo perdido en la tienda en el que se dibuja eso que no vemos sino es en papel y con otro remitente. Iba a ser cambiado todo con palabras, pero no bastaba: se necesitaban los gestos, empezar a llamar las cosas de otra manera para mirarlas también de distinto modo. El desprecio, al principio justo, por el trabajo luego es miedo: ¿y si no es ella? Pero al final es confirmación, porque el miedo es compartido ¿y si no eres tú?
Al recordar el enamoramiento, el pasado y hacerlo desde el presente, si la historia fue o terminó frustrada, lo cual no es difícil, decimos: "era yo un tonto". Lo decimos por miedo, por comodidad. ¿Pero y si no lo fuimos? O ¿y si lo fuimos de una manera bastante opuesta a la que nos gusta pensar que lo fuimos? Estas son las disyuntivas, también las respuestas que ofrece la sabiduría de Lubitsch, quien deja la acción del film en su Europa natal, lo cual la hace una película de Hollywood todavía menos convencional.
Pese a necesitar una digna remasterización a la altura de su belleza, con loable trabajo del operador William H. Daniels y Gene Ruggiero como montador, al tiempo que una eficiente banda sonora de Werner R. Heyman, en el mejor de sus trabajos, la película se mantiene decididamente valiosa, capaz de hacernos decir más en cada revisión.
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Es Noticia, Amor es todo lo que necesitas, la vida nunca resulta como esperas - 20/12/2012 2:56:31

" La directora danesa Susanne Bier, autora entre otras de "Después de la boda" ("Efter brylluppet", Susanne Bier, 2006) y "En un mundo mejor" ("Hævnen", Susanne Bier, 2010), nos ofrece una película de un tono más ligero que sus films anteriores. "El amor es todo lo que necesitas" ("Den skaldede fris
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Farandula y Espectaculo del Peru y el Mundo

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