Información: Cómic en cine: Blade, de Stephen Norrington - 27/02/2014 3:00:09
" La última vez que hablamos de Marvel por estas líneas, las aspiraciones cinematográficas de La Casa de las Ideas estaban cuanto menos, hundidas: el sonado fracaso de "Howard…un nuevo héroe" ("Howard the Duck", Willard Huyck, 1986), y la ausencia de distribución de los filmes del Capitán América y el Castigador en territorio estadounidense unido a lo fallido de aquellos Cuatro Fantásticos producidos por Roger Corman ponían de manifiesto que de querer obtener éxitos en la gran pantalla, mucho tenía que cambiar en el seno de los estudios.Y así transcurriría cerca de un lustro en el que el movimiento más llamativo de la compañía de cara a trasladar sus personajes a celuloide fue el piloto de una pretendida serie de televisión centrada en el grupo mutante "Generación-X" que, pretendiendo aprovechar el tirón de éste en los cómics, resultó, como podéis imaginar, otro fracaso convertido con los años en una curiosidad ¿alguien ha dicho malsana? que aquellos con ganas de flagelarse pueden ver aquí.
Con una situación en principio tan adversa a los intereses de la empresa, resulta cuanto menos curioso que el personaje que finalmente supuso la piedra de toque sobre la que apoyar la fundación definitiva del Universo Marvel Cinematográfico fuera uno de esos que podríamos denominar "menor", un secundario de diversas cabeceras que, aún contando a sus espaldas con una trayectoria editorial de dos décadas, no había conseguido serie propia hasta mediados de los noventa.
El semi-vampiro que mataba chupasangres
Nacido de la imaginación de Marv Wolfman, uno de los guionistas fundamentales a la hora de entender el cómic de superhéroes estadounidense, y el talento gráfico del legendario Gene Colan, la primera aparición de Blade se produjo en 1973 en las páginas de la mítica "Tomb of Dracula", introduciendo en su número 10 a un cazador de vampiros afroamericano que se enfrentaba al chupasangres por excelencia gracias a sus habilidades físicas y a la única ventaja que le otorgaba el hecho de ser inmune a la mordedura de las criaturas de la noche.
Yendo de aquí para allá, desapareciendo por prolongados períodos de tiempo, y granjeándose poco a poco las simpatías del los lectores, Blade no contará con cabecera propia, como decía más arriba, hasta 1994, año en el que se edite "Blade: Vampire Hunter", una serie de diez números en la que comenzaban a explorarse más posibilidades acerca del personaje pero que aún no recurriría a las capacidades sobrehumanas del mismo, ya que éstas se introducirían en las páginas de los cómics a resultas del éxito del filme.
Pero la suerte editorial nunca ha estado del lado de Blade, y su recorrido en la página impresa no ha pasado de diversas miniseries e intentos frustrados por la parquedad de las ventas de conseguir poner en pie un par de series regulares. De ahí que, cuando Marvel anunció que su siguiente apuesta para la gran pantalla iba a ser una traslación de las aventuras del cazavampiros, muchos fuimos los que arqueamos las cejas sorprendidos por el movimiento de los estudios.
Marvel comienza su recuperación
Pero la decisión de que "Blade" (id, Stephen Norrignton, 1998) fuera la apuesta que determinaría de una vez por todas el futuro de Marvel en el séptimo arte no era fruto de la casualidad, sino más bien de una serie de circunstancias que hacían prácticamente inviable adaptar cualquiera de los pesos pesados de la editorial, llámense éstos Spider-man, franquicia mutante el primero envuelto en constantes litigios judiciales, la segunda hundida tras el fracaso del citado piloto de "Generación-X", Capitán América, Cuatro Fantásticos, Daredevil o Hulk.
Con la situación tan adversa en la que se encontraban las armas más contundentes de cara a garantizar un buen taquillaje, y decidido como estaba a que Marvel recuperara el tiempo perdido, Avi Arad buceó en el panteón de personajes de la editorial hasta dar con ese vampiro que, dado el buen funcionamiento que en aquella década habían tenido tanto la adaptación del "Drácula" de Bram Stoker por parte de Francis Ford Coppola como la de "Entrevista con el vampiro" de mano de Neil Jordan, podía suponer, al menos sobre el papel, un éxito más o menos garantizado.
Pero esta idea de llevar al personaje a la gran pantalla no era novedosa, y desde los 70, diversas fueron las tentativas que, a través de los años, apuntaron a actores como Richard Roundtree, Denzel Washington o Lawrence Fishburne éstos dos últimos firmes candidatos a protagonizar la cinta que hoy nos ocupa para encarnar al cazador de vampiros, concretándose finalmente el equipo creativo que sacaría adelante la producción en tres nombres fundamentales: New Line, Stephen Norrignton y Wesley Snipes, probablemente la personalidad que más determinaría el devenir del filme.
"Blade", una película de Wesley Snipes
Protagonista, productor y coreógrafo de la película, Snipes es tanto lo mejor como lo peor de "Blade", compartiendo el segundo de tales honores con el guión del infame David Goyer, un "tipo" al que jamás deberían haber dejado acercarse a todo aquello que oliera a adaptación de cómic con la salvedad, claro está, de cierta trilogía con hombre murciélago de por medio y que aquí, aunque aún no llegue a las cotas que demostrará más tarde, ya apunta maneras con un libreto "cogido con pinzas".
Tomando elementos de aquí y allá de la mitología tebeística del personaje, introduciendo a un personaje el protagonizado por Kris Kristofersson que había aparecido en la serie de animación de "Spider-man", alterando a otros como Deacon Frost, el vampiro interpretado por Stephen Dorff y cambiando por completo a Blade para convertirlo en un medio vampiro con la práctica totalidad de las habilidades de éstos pero sólo una de sus flaquezas, la sed de sangre, Goyer presentaba a un protagonista plenamente adaptado a los tiempos de la producción.
Y así, enfundado en su traje de cuero ese tejido que después "Matrix" (id, Larry y Andy Wachowski, 1999) pondrían tan de moda en el cine de ciencia-ficción y que tanto determinaría el aspecto de los mutantes en la gran pantalla, y con las hieráticas maneras de Snipes, que se moverá en escenas de lucha todo lo bien que queráis, pero como actor es una escultura de bronce; "Blade" cuenta con el buen hacer de Norrington y una acción que no da descanso para estar del lado positivo, al menos en lo que un servidor respecta en el amplio mundillo de las adaptaciones de cómic.
A su favor, al margen de ritmo y de unas secuencias de acción que jalonan el argumento en los momentos precisos en los que éste las necesita, el protagonismo de Deacon Frost, un vampiro que está de vuelta de todo y cuya chulería autoconsciente y no exenta de ironía hace que Dorff aventaje en carisma al resto de sus compañeros de reparto, algo poco complicado si consideramos que, al margen de Snipes y de Kristofersson, el otro miembro relevante del mismo es el sufrido florero al que encarna N"Bushe Wright, un personaje que, de no ser por su relevancia en el devenir de ciertos acontecimientos, habría sobrado por completo.
En su contra, como ya he comentado, el que el guión de Goyer no sea más que una mera excusa para justificar las secuencias "molonas" en las que Snipes luce palmito y habilidades físicas, desaprovechando el escritor la oportunidad que se brinda a sí mismo de haber incidido más en aquello que se apunta pero no se termina de desarrollar, esa otra sociedad que es la vampírica que controla el destino de la humanidad y que podría haber dado mucho más de sí en manos más habilidosas que las de aquél que perpetrará la tercera entrega de la trilogía que arranca con este filme.
No obstante, lo entretenido en términos generales del filme supondrá el apoyo suficiente para que "Blade" "triunfe" en taquilla con sus 131 millones de recaudación a nivel mundial, 70 de los cuales se recogieron en suelo estadounidense, cubriendo de sobra los 45 millones de inversión y dando pie a Marvel y a New Line para dar luz verde a una secuela que, de la mano de Guillermo del Toro, llegaría cuatro años más tarde. Yo hablaré de ella en unos meses, para los impacientes, aquí van las líneas que le dedicó mi compañero Pablo.
De nuevo, si queréis saber mucho más sobre esta y el resto de las cintas que han llegado a formar parte del Universo Cinematográfico de Marvel, haceos con este espléndido libro. No os arrepentiréis.
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Es Noticia, Los juegos del hambre: En llamas, la mejor adaptación posible - 22/11/2013 10:35:39
" Fue mera casualidad, pero lo cierto es que empecé a leerme la trilogía literaria de "Los juegos del hambre" no mucho después de que se anunciara que Jennifer Lawrence, la chica que ahora todo el mundo adora y no me extraña, iba a liderar su adaptación cinematográfica. Poco tiempo después ya había terminado los tres libros con la certeza de que "En llamas" era el menos logrado de todos ellos, por lo que también esperaba que su salto al cine iba a dar pie a la película menos interesante de la franquicia, pero tampoco era algo que me preocupase en exceso tras lo mucho que disfruté con "Los juegos del hambre" ("The Hunger Games", Gary Ross, 2012).Las dudas aparecieron tras la contratación de Francis Lawrence para sustituir a Gary Ross al frente de la secuela, ya que yo no me encuentro entre los abundantes detractores del trabajo de puesta en escena de Ross y Lawrence nunca ha sido un realizador que me haya entusiasmado demasiado. El tiempo pasó y me sorprendía el escaso entusiasmo que tenía por ver "Los juegos del hambre: En llamas" ("The Hunger Games: Catching Fire", 2013), pero una vez vista puedo deciros que es la mejor adaptación posible del original literario y una película mucho más sólida y de calidad superior que su primera entrega.
"Los juegos del hambre: En llamas", una secuela superior
A estas alturas ya todos sabéis que disfruté bastante con "Los juegos del hambre", donde lo único que realmente me molestaba era el pobre acabado visual y emocional de la última gran batalla durante esta mortal competición. Eso sí, soy consciente de que no era una película tan compacta como algunos les hubiese gustado, ya fuese por la peculiar puesta en escena de Gary Ross o porque todo estaba más encaminado a presentar un personaje femenino fuerte como lo era la Katniss Everdeen interpretada de forma brillante por Jennifer Lawrence, lo cual se traducía en que muchos personajes no estuviesen del todo bien perfilados. Todo ello ha cambiado en "Los juegos del hambre: En llamas", donde se apuesta por el continuismo, pero corrigiendo defectos, tanto de la primera entrega como de la novela, es decir, nos quedamos con lo mejor, pero no con lo menos estimulante.
Equipararlo con La saga Crepúsculo sería excesivo, pero durante varias decenas de páginas de "En llamas" perdí hasta tal punto el interés que llegué a plantearme el abandonar su lectura por los devaneos emocionales de su protagonista y luego durante gran parte de los propios juegos tenía la sensación de estar leyendo algo muy entretenido, pero demasiado redundante. Dejando de lado las posibles quejas sobre la propia escritura de Suzanne Collins, eso es lo que realmente me molestó de una obra que expandía el universo de Panem y nos preparaba para el gran colofón final que en la gran pantalla se dividirá en dos entregas, una de esas modas tan molestas y extendidas últimamente en Hollywood.
Centrándonos ya en "Los juegos del hambre: En llamas", conviene señalar que Lawrence opta por mantener unos colores apagados en su acabado visual, aunque en este caso sirve un propósito mayor, ya que es un refuerzo más de la sensación de fatalidad inminente que la película quiere y logra transmitirnos en todo momento. Cierto que Katniss y Peeta se salieron con la suya, pero el presidente Snow no está nada satisfecho con ello, ya que la gente ha visto en ella un símbolo de esperanza que un régimen como el de Panem no puede permitirse. Sin embargo, Lawrence prefiere dejar de lado la lucha como algo generalizado y también ofrecer una visión más amplia, pero no por pereza o desacertadamente, sino con el objetivo de resaltar el drama humano, entrando ahí su querencia en todo momento por los primeros planos para que las reacciones emocionales de los personajes realmente consigan traspasar nuestra idea de estar viendo únicamente un entretenimiento de lujo, algo que también es la película.
No es que Francis Lawrence se complique demasiado con la puesta en escena, ya que ése es su único gran recurso, pues por lo demás se limita a mantener la calma y que la acción fluya de forma natural, haciendo caso así a una de las quejas mayoritarias respecto a la primera entrega. Eso sí, nada hay de malo en ello, pues a cambio consigue que la historia avance sin bajones de interés o atropelladamente, ya que estamos ante una película en la que está perfectamente justificado que su duración se vaya más allá de las dos horas. El director de la entretenida "Soy leyenda" ("I Am Legend", 2007) consigue un ritmo perfecto, en el que es posible pararse de forma constante en el drama humano sin que la historia deje de avanzar, y tampoco se deja seducir en exceso por ciertas tramas las dudas sentimentales de Katniss. ¿Qué podría haberse lucido más a nivel personal? Sin duda, pero yo no cambiaría nada de lo que hace en "Los juegos del hambre: En llamas".
Otro detalle que conviene destacar es el gran trabajo de adaptación realizado en el guión de Simon Beaufoy y Michael Arndt, ya que potencian el componente político del relato sin liarse en detalles demasiado complicados para una cinta pensada para recaudar cientos de millones de dólares en todo el mundo. No entendáis esto como una crítica encubierta hacia "Los juegos del hambre: En llamas", ya que no todas las películas aspiran a lo mismo y la que ahora nos ocupa incluso excede todo lo que hubiera esperado de la misma. Además Beaufoy y Arndt muestran su interés en que todos los personajes con algo de peso en la trama estén muy bien definidos, ya sea dándoles tanta cancha como a una Jennifer Lawrence que consigue superarse a sí misma o con apariciones algo más anecdóticas como Lenny Kravitz. Las motivaciones de todos están perfectamente delimitadas y eso es algo que los actores aprovechan al límite todo el material que tienen obvio es que no todos tienen el mismo talento o las mismas posibilidades de lucimiento, pero ninguno llega a resultar una molestia.
Unos juegos diferentes
La lucha por la supervivencia era el eje durante los juegos de la primera entrega, pero eso aquí queda relegado no a un segundo plano, pero sí como mínimo a tener una importancia similar a un plan del que el espectador no sabe gran cosa, pero "Los juegos del hambre: En llamas" va desvelando pequeños detalles de forma progresiva, quedando totalmente marginada la presencia de la mayoría de tributos, incluyendo los sanguinarios enemigos directos de nuestros protagonistas. Esto es una gran ayuda para que la puesta en escena más convencional de Lawrence sea sorprendentemente efectiva y que todo forme un conjunto sólido, aunque sea a costa de pequeños detalles como la pérdida de protagonismo y gancho de Finnick. Eso sí, ninguna pega respecto a la actuación de Sam Claflin y tengo que reconocer que uno de mis grandes miedos era que no estuviera a la altura.
No entraré en detalles sobre la resolución de la película, ya que es algo que uno ha de conocer por sí mismo, pero agradecí mucho que hubiera una mayor preparación, limitando así la sensación de ser algo sacado de la manga que transmitía en mayor medida el original literario. Además, dan los suficientes detalles como para que todo cuadre de forma más o menos creíble y te deja con ganas de más. Por último, me gustaría señalar que también es un acierto que "Los juegos del hambre: En llamas" apenas desconecte durante un par de momentos de la competición y que cuando lo hace sea para reforzar la figura del presidente interpretado por Donald Sutherland, un personaje que gana fuerza y poder intimidatorio respecto a su mejorable presentación en la primera entrega, donde el mítico actor hacía que luciera por encima de lo que realmente veíamos en pantalla.
En definitiva, "Los juegos del hambre: En llamas" es un gran entretenimiento, una cinta con mucha más sustancia de la que muchos podrían esperar, la mejor adaptación posible de la peor de las tres novelas de Suzanne Collins y una película mejor y más consistente que la ya de por sí bastante estimulante primera entrega. Si con esos datos no os he despertado al menos la curiosidad por ella, lo único que puedo hacer es recomendaros directamente el visionado de, aunque pueda costar creerlo a priori, una de las mejores películas del año.
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Es Noticia, Guillermo del Toro: Hellboy, la humanidad del monstruo - 07/10/2013 4:58:07
" En esta nuestra quinta entrega del repaso que estamos haciendo a la filmografía de Guillermo del Toro nos damos la mano con el especial sobre cómic en cine que empezamos allá por el mes de julio, y es debido a ello y que esta entrada se adelanta varios meses al lugar que le habría correspondido en dicho especial, que con vuestro permiso, adoptaré aquí la estructura de los artículos que vienen dando cuenta de cómo el noveno arte se ha ido trasladando a la gran pantalla.Y es que, por más que uno quiera hacerlo de otra manera, hablar de "Hellboy" (id, 2004) y no hacerlo de la genial creación de Mike Mignola de forma específica sería un error imperdonable, máxime cuando el propio Guillermo del Toro enumera al artista estadounidense como uno de sus dibujantes favoritos de todos los tiempos junto a leyendas como Will Eisner, Bernie Wrightson y Richard Corben y cuando él mismo afirma que "los cómics han sido de gran importancia en mi vida (…) incluso antes de saber leer siempre andaba con un cómic en las manos (…)para mi han sido tan importantes como la literatura, la pintura o el cine".
"Hellboy", el cómic
Los años noventa cambiaron por completo las estructuras editoriales estadounidenses cuando muchos de los artistas que hasta entonces habían sometido su producción a las férreas fórmulas impuestas por DC y Marvel decidieron que ya era hora de tener un control pleno sobre sus creaciones. Y si siempre se habla de Image y los famosos "prófugos" de Marvel ya saben, Jim Lee, Rob Liefeld, Todd McFarlane, Marc Silvestri, Erik Larsen y Jim Valentino para ilustrar la radical alteración que se produjo en un mercado que parecía inamovible, no deberíamos perder de vista que Dark Horse, una editorial que había nacido en 1986, albergaría en 1994 el sello Legend, un proyecto apadrinado por dos leyendas llamadas Frank Miller y John Byrne y al que terminaría por arribar un artista llamado Mike Mignola.
El dibujante originario de Berkeley ya había cosechado las mieles del éxito con sus trabajos tanto para Marvel como para DC, siendo ya un nombre medianamente conocido entre el fandom gracias a títulos como "Fahrd y el ratonero gris", la novela gráfica "Triunfo y tormento" del Dr. Extraño y el Dr. Muerte y la espléndida "Gotham by Gaslight" en la que e trasladaba a Batman al Londre victoriano de Jack el Destripador. Pero todo esto quedaría como parte de un pasado lejano en el momento en el que Mignola ideara al personaje por el que más se le ha reconocido, un demonio con una mano de piedra con el que ya lleva veinte años.
Ideado en una convención de cómics y retomado tiempo después cuando Mignola sintió la necesidad de arrancar con un proyecto personal sobre el que tener pleno control creativo, Hellboy es un peculiarísimo "superheróe" con el que el artista lleva dos décadas explorando un universo que no parece tener límites. Mezclando en sus páginas influencias de todo tipo entre las que siempre cabe destacar el fuerte semblante Lovecraftiano que ha sido determinante en el devenir de la colección y convirtiéndose en crisol de incontables referencias acerca de la magia y los mitos de los cinco continentes, la fuerte personalidad gráfica de Mignola y su espléndido tratamiento de las luces y las sombras, ha ido propiciando, siempre en el seno de Dark Horse, la aparición de varios spin-offs espléndido es el centrado en la A.I.D.P y, cómo no, de un par de traslaciones cinematográficas que se cuentan como dos de los momentos más álgidos en la filmografía de Guillermo del Toro.
Allá por 1998…
Cuando hablamos ahora, más de una década después, de aquellas cintas que resultaron claves de cara al establecimiento de la fiebre actual por las adaptaciones del cómic al cine, los títulos que siempre salen a la luz son los "X-Men" (id, 2000) de Bryan Singer, el "Spider-man" (id, 2001) de Sam Raimi y, por su relevancia generalizada y por la revolución que supuso desde muchísimos puntos de vista el visual por delante, sin duda alguna la primera entrega de la trilogía de "Matrix" (id, 1999) con la que los hermanos Wachowski sentaban las bases de lo que sería un sesgo muy importante del cine del s.XXI.
Dato desconocido para muchos es que, si los vientos le hubieran sido propicios a Guillermo del Toro, hoy podríamos estar hablando de "Hellboy" como la pionera, aquella cinta que habría servido para sentar las bases del posterior desarrollo en la relación entre séptimo y noveno arte y no una más aunque ya veremos más abajo como este proyecto dista mucho de ser "uno más" de entre las muchas producciones que ya por 2004 nos llegaban al año derivadas del mundo de la viñeta.
Con una relación que había comenzado a mediados de los noventa, y el claro interés de Del Toro por ser aquél que se encargara de trasladar las aventuras del demonio rojo a la gran pantalla, la colaboración de Mignola y el cineasta daba como resultado un guión completamente terminado en 1998, lo que habría permitido que, de haber encontrado un estudio dispuesto a respaldarlos, "Hellboy" hubiera llegado a nuestras pantallas a finales de aquél año o principios del siguiente. Pero en aquellos momentos, la expresión "película de cómics" era casi un insulto en la cara de cualquier estudio, y lo atractivo de la propuesta no fue suficiente para vencer las reticencias de las majors hacia el título de la cinta o el hecho de que tanto su director como el artista creador del personaje apostaran por Ron Perlman como la "estrella" idónea para encarnar al protagonista. Y el proyecto se aparcó…
Cinco años más tarde
Tras el determinante éxito que "Blade 2" (id, 2002) había supuesto en su carrera, a Guillermo del Toro se le presentaron dos posibles opciones,. o bien se encargaba de la tercera entrega del cazador de vampiros interpretado por Wesley Snipes o por fin se le daba luz verde a su acariciado sueño de poder rodar "Hellboy". Huelga decir que el cineasta mexicano no se lo pensó ni un sólo instante y menos mal, porque el guión de Goyer para "Blade Trinity" (id, David S. Goyer, 2004) era, como veremos en su momento, puro desperdicio y, desempolvando el manuscrito, se puso manos a la obra para levantar el que sería su quinto largometraje.
Con Ron Perlman como fichaje ineludible, Del Toro y Jeremy Zimmerman fueron seleccionando a un grupo de intérpretes que, lejos de ser estrellas de primera fila, terminaron conformando un reparto espléndido y perfectamente equilibrado que deja que la historia respire con naturalidad. Al frente del mismo, el veterano John Hurt como el profesor Trevor Bruttenholm, Selma Blair en la piel de Liz Sherman, Rupert Evans como el agente John Myers un papel para el que Del Toro consideró a Jeremy Renner y Jason Schwartzman, Doug Jones como Abe Sapien, Jeffrey Tambor en el alivio cómico que supone el director del A.I.D.P, la Agencia de Investigación y Defensa de lo Paranormal y el siempre efectivo Karel Roden como el temible Rasputín.
Aunque su fuente principal de inspiración sea "Semilla de destrucción", la primera miniserie publicada sobre "Hellboy", en la que se explica el origen del personaje y se plantean muchas preguntas que Mignola aún tiene pendiente contestar, el guión de la cinta incluye elementos de otros títulos del personaje como "La mano derecha del destino" o "La caja del mal", planteando asimismo Del Toro algunos cambios sustanciales en el libreto que hacen que la cinta funcione sensiblemente mejor que lo que Mignola había ideado una década antes.
Entre ellos encontramos un inicio que funde en una única localización una Escocia que fue elegida por su fuerte relación histórica con la magia y por haber servido de lugar de paso de submarinos nazis durante la Segunda Guerra Mundial los dos escenarios paralelos del cómic, y cambios fundamentales en las definiciones de Kroenen, el profesor Bruttenholm y, sobre todo, la relación entre Liz y Hellboy, que para nada se asemeja a aquella que podíamos ver en el cómic original.
"Hellboy", brillantísima adaptación
Tras un arranque que, como decíamos introduce al personaje y define con gran elocuencia algunas de las señas de identidad de Hellboy su pasión por las chocolatinas Babe Ruth, su puño de piedra y la relación paterno-filial con Bruttenholm encontramos unos títulos de crédito llamados a servir de representación de una de las ideas fundamentales con las que Del Toro juega a lo largo del metraje: la de la elección. Con el laberinto como motivo recurrente a lo largo de la cinta tres son las ocasiones en las que aparecen trazados laberínticos a lo largo del filme, el doble propósito de la intrincada estructura es servir como metáfora visual de la determinante diatriba ante la que se terminará encontrando el demonio rojo y conformar ese lugar en el que uno se halla a sí mismo.
Esta búsqueda, que queda ímplicita en el discurso inicial en la voz en off de John Hurt, es la que sirve a Del Toro para trazar las líneas maestras por las que se mueve la historia, estableciendo el cineasta una suerte de triángulo entre Hellboy, Liz y Myers que evoca, si bien de forma lejana, a aquél que se deriva de la mitología artúrica entre el Rey Arturo, Ginebra y Lanzarote, aunque si hubiera que apuntar a un caballero de la mesa redonda para el agente del FBI, ese sería Perceval.
Mezclando los dos tipos de cine que hasta entonces habían jalonado su trayectoria, "Hellboy" es la perfecta fusión entre la vertiente más personal que Del Toro había desarrollaba en "Cronos" (id, 1993) y "El espinazo del diablo" (id, 2001) con aquella determinada por los caprichos de Hollywood que veíamos en "Mimic" (id, 1997) y "Blade 2". Y si de la segunda toma los elementos de unas espectaculares secuencias de acción con las que el director homenajea en no pocos momentos a su idolatrado Ray Harryhausen del que tanto él como Mignola solicitaron colaboración para la producción, una propuesta que el legendario técnico reclinó amablemente, es en su primera vertiente donde encontramos los momentos de mayor interés del relato.
Derivado de su personal visión del personaje, es de la aplicación de las filias y el vasto acervo de Del Toro de dónde se derivan las claras influencias de nombres como Kirby o Jorge Luis Borges en la forma de generar la mitología del personaje, un hecho al que se une la clara vuelta de tuerca que supone el relato sobre el esquema de "La bella y la bestia" algo hasta cierto punto irónico, dado el pasado televisivo de Ron Perlman y que termina eclosionando en dos aspectos fundamentales de la cinta: la relación de Hellboy con su "padre", que da lugar a una de las dos secuencias más soberbias del filme en términos de narrativa y protagonismo de la espléndida partitura de Marco Beltrami y, cómo no, aquella que el primero mantiene con Liz y con la que, como ya pasara con "Cronos", Del Toro vuelve a hablarnos del poder redentor del amor, cerrando la cinta con una bellísima escena preñada de lirismo.
Uniendo a todo lo anterior el particular sentido del humor que aportan tanto el sarcasmo de Ron Perlman como el natural talento de Jeffrey Tambor y sumando también el sentido de la épica que abraza todo el relato de principio a fin espectacular es el clímax, 100% Mignola no creo que sea muy descabellado afirmar que a la hora de hablar de "Hellboy" hemos de hacerlo tanto en términos de una de las mejores producciones basadas en cómic que se hayan llevado a la gran pantalla como en aquéllos que la definen como una de las tres mejores cintas firmadas por ese genio que es Guillermo del Toro.
Otra crítica en Blogdecine
"Hellboy", el hombre bajo la piel del demonio
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Información: Robert Zemeckis: Regreso al futuro III, un final algo desangelado - 16/09/2013 3:51:42
" Rodadas como comenté el otro día de forma continuada a lo largo de un año interrumpido por tres semanas de descanso entre el final del de la segunda y el comienzo de esta tercera, y por las dos semanas que siguieron al fallecimiento del padre de Michael J. Fox, y contando con un presupuesto entre ambas de unos cuarenta millones de dólares, la segunda y tercera entregas de la trilogía de "Regreso al futuro" ("Back to the Future", Robert Zemeckis, 1986) suponían la apuesta más fuerte de la Universal para cerrar la década de los ochenta y comenzar la de los noventa. Una apuesta que ya se había saldado en 1989 con resultados muy por debajo de los esperados para "Regreso al futuro II" ("Back to the Future Part II", Robert Zemeckis) y que el final de la saga no lograría mejorar.Si ya con "Regreso al futuro II" apunté la semana pasada que la incapacidad de rescatar el "encanto" de la primera parte jugaba muy en contra de la percepción final de la cinta, con "Regreso al futuro III" ("Back to the Future Part III", Robert Zemeckis, 1990) dicha incapacidad, unida a otros factores que iré comentando en el transcurso de esta entrada, conforman un panorama que aleja aún más a la cinta de la experiencia que había sido ver la cinta original cinco años antes, por más que, en realidad, este viaje al lejano oeste de Marty McFly no sea más que un remedo con mucho polvo y un climax espectacular del esquema argumental de la primera parte.
Con todo el equipo de la anterior entrega repitiendo de forma íntegra, y un rodaje que se traslado al desierto de Sonora a 600 kilómetros de Los Ángeles y a Monument Valley, la anécdota más curiosa que rodeó a la producción de "Regreso al futuro III" es la que tuvo que ver con el "infernal" solape que, durante tres semanas, se dio entre la conclusión de la post-producción de la segunda parte y el comienzo de la filmación de la que hoy nos ocupa, un hecho que traería no pocos quebraderos de cabeza a Robert Zemeckis.
El realizador, que no quería dejar en manos de la segunda unidad el arrancar con el rodaje, mantuvo durante esos veintiún días un horario que sólo le permitía dormir entre cuatro y cinco horas, cogiendo un avión desde Los Ángeles al set a eso de las 4:30 de la madrugada y regresando nada más acabada la jornada a la meca del cine para poder supervisar el montaje final de sonido que Bob Gale había estado controlando en su ausencia diurna, acabando para el director el día casi al filo de la medianoche. En sus propias palabras:
(…) fue muy difícil montar la segunda parte mientras rodábamos la tercera. Ahí es donde pienso que la segunda película sufrió un poco, porque no pude dedicarle toda mi atención. El día no tenía horas suficientes para hacer dos películas y dedicar a ambas toda mi atención.
Según se cuenta, la idea de que Marty terminara viajando a finales del siglo XIX, a ese período de la historia del que surgió el western el único género cinematográfico que no existía antes de la aparición del celuloide, fue del propio Michael J.Fox cuando, todavía en plena producción de la primera parte, respondió a la pregunta de Zemeckis y Gale de adónde le gustaría viajar en el tiempo afirmando que le encantaría "ver el viejo oeste y conocer vaqueros", una afirmación que se quedó en la memoria de los cineastas hasta que, redactando el guión de la segunda y tercera entregas, decidieron traerla de vuelta.
(Por si todavía queda alguien que no la haya visto, spoilers de aquí al final) Y es que, encadenando con los últimos acontecimientos ocurridos en la segunda parte de la trilogía, Marty se verá obligado a trasladarse cien años en el pasado a 1885 bueno, setenta sin consideramos que el desplazamiento lo hará desde 1955, yendo a parar a un Hill Valley en construcción en el que se encontrará con sus tatarabuelos y con el antepasado de Griff, Bufford Tannen, un pistolero con muy mala baba que, como ya ocurriera en las anteriores entregas, se establecerá como el antagonista de nuestro héroe.
Plagada de innumerables guiños al género, desde que Marty llega a 1885 hasta su agridulce final, uno de los principales problemas de "Regreso al futuro III" es la decisión de Zemeckis y Gale de centrar más la atención del relato en esta ocasión en Doc, inventándose para ello el repentino amor que nace entre el chiflado pero brillante científico y Clara, una profesora recién llegada a Hill Valley encarnada con su habitual candor por Mary Steenburgen.
Los momentos en que el relato dedica toda su atención a ambos personajes y abandona a Marty, se cuentan al menos en lo que a mi respecta como los más olvidables de toda la trilogía, no consiguiendo Christopher Lloyd y Steenburgen hacer creíble una relación que, aunque justificable desde cierto punto de vista, es incapaz de generar ningún tipo de interés en un espectador que espera, ahora que la saga llega a su fin, poder asistir a acontecimientos que no provoquen una constante sensación de d
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