miércoles, 2 de abril de 2014

Ridley Scott: Legend, fascinación y Ridley Scott: Blade Runner, el futuro era de color noir

Que opina usted? Ridley Scott: Legend, fascinación - 13/02/2014 4:44:49

" No es un filme del futuro o el pasado. Ni siquiera se trata de una historia del ahora. El conflicto entre la oscuridad y la luz ha estado con nosotros desde la creación…y permanecerá con nosotros a través de la eternidad.
Ridley Scott
Reflexionando acerca de la atmósfera oscura y opresiva que había caracterizado a "Alien, el 8º pasajero" ("Alien", Ridley Scott, 1979) y "Blade Runner" (id, Ridley Scott, 1982), Ridley Scott sintió que su siguiente proyecto tenía que poseer un espíritu más alegre y más orientado a la familia, de una naturaleza, en definitiva, completamente diferente a la de sus dos filmes previos. En contra de lo que se podría pensar por su maestría a la hora de mostrar ambientes saturados de tecnología, ésta nunca había interesado a un cineasta que se describía a sí mismo como un "anti-mecanismo" de corazón, y ya cuando dirigía "Los duelistas" ("The Duellists", 1973), había decidido que quería rodar una cinta inspirada en la mitología o los cuentos de hadas así como en sus fantasías infantiles.
Con el proyecto de "Tristán e Isolda" aparcado antes de comenzar el rodaje de "Alien" como ya vimos, Scott se inclinó por una historia de hadas original que no se basaría en ningún cuento en concreto aunque sus raíces pudieran encontrarse en el folclore británico y del norte europeo, con el clásico enfrentamiento entre los poderes de la luz y la oscuridad como núcleo y motor que moviera todo.
Reescrituras y más reescrituras

La "Leyenda de la Oscuridad", como inicialmente se le conocía, fue el resultado de la colaboración entre Scott y William Hjortsberg, responsable por ejemplo de la novela que Alan Parker adaptaría en la truculenta y fascinante "El corazón del angel" ("Angel Heart", 1987) y escritor que forjaría con éste trabajo una historia que evocaba sensaciones parecidas a aquellas que se derivaban de "La bella durmiente" o las que dimanaban de los cuentos de los Hermanos Grimm, relatos todos que Scott se había empapado antes de comenzar a trabajar en la redacción de un libreto que, no obstante, tenía más lugares comunes con el libro bíblico del Apocalipsis que con cualquier fuente mitológica.
De hecho, conceptos religiosos como la tentación, el pecado, el perdón y la redención son explorados en la cinta sin ningún tipo de arredros, con el unicornio como símbolo de Jesucristo así lo expresaban escritos alegóricos medievales y Darkness, el impresionante demonio interpretado por Tim Curry que se convirtió de mano de Rob Bottin en uno de los iconos más reconocibles del cine fantástico de todos los tiempos, encarnando tanto el reflejo del ángel caído como el símbolo pagano del deseo y la pasión animal, el sátiro.
Con un primer borrador de una oscuridad y caracter pesadillesco muy pertubadores, y que contenía una escena de sexo entre Lily, la princesa interpretada es un decir por Mia Sara y el señor oscuro, el guión de "Legend" (id, 1985) fue sometido a constantes reescrituras, que llegaron hasta quince versiones diferentes de un libreto que sólo estuvo terminado momentos antes de arrancar con el accidentado rodaje que se llevó a cabo en los estudios Pinewood. Un rodaje que, con un incendio de por medio que gracias a la pericia de Scott sólo atrasó tres días el planning inicial, parecía no obstante querer poner sobre aviso al cineasta británico y a los ejecutivos de la Fox y la Universal del calvario que le quedaba por pasar a la cinta antes de poder alcanzar los cines.
Montajes y remontajes

Por más que la experiencia de trabajar con el director en "Alien" había sido frustrante y gran parte de su trabajo se había quedado en la mesa de montaje en favor de ciertos temp tracks la música temporal que utilizan los directores mientras están editando un filme para servir como guía al ambiente musical que quieren crear que incluían un tema de Howard Hanson y composiciones suyas provenientes de "Freud" (id, John Huston, 1962), Jerry Goldsmith estaba muy ilusionado por poder escribir la música para "Legend", encantado como había quedado por el guión de Hjorstberg. Poco podía imaginar el maestro estadounidense que, superando lo que había tenido que padecer de cara a la cinta de ciencia-ficción, su trabajo para este cuento de hadas quedaría mutilado más allá del reconocimiento.
Y es que, toda vez la producción de la cinta se hubo completado y comenzó el arduo proceso de montaje, "Legend" entró en una espiral de la que salió muy mal parada. El primer montaje que Scott y Terry Rawlings sacaron de la sala de edicición se prolongaba durante 125 minutos, una duración que se quedaría en 113 antes de los primeros y desastrosos pases previos en Estados Unidos, unos pases en los que el público asistente se quejaba del sentimetalismo del filme y que sirvieron de justificante a la Universal para eliminar entre 20 y 30 minutos de los montajes finales que se estrenaron a uno y otro lado del charco: mientras que el que se veía en las salas europeas durante la segunda mitad de 1985 alcanzaba los 95 minutos de duración, lo que se estrenaba en Estados Unidos en la primavera de 1986 se quedaba en 89.
Sea como fuere, dichos recortes incidieron de forma espectacular y negativa, claro está tanto en lo que a las intenciones de Scott y Hjortsberg para con la historia respecta, como en lo que compete a la fascinante banda sonora que Goldmisth compuso para este cuento lleno de magia y belleza visual, un trabajo que sufrió alteraciones tan brutales que, comparar el score que se puede escuchar de forma aislada en la edición en CD con lo que pudimos escuchar en el montaje estrenado en cines en 1985, es como querer comparar el día con la noche.
Los sonidos de la fantasía

Más allá de la mera componente visual asombrosa como ella sola, si hay un factor determinante que juega en favor de percibir a "Legend" como un cuento que atrapa irremisiblemente, ese es la partitura compuesta por Jerry Goldsmith. Escrita durante tres meses algo inaudito para una composición cinematográfica mezclando los sonidos tradicionales de la orquesta y el coro con una agrupación de hasta seis sintetizadores de diferentes modelos, la música del maestro es el perfecto reflejo de lo que el guión quería transmitir y la película, por una razón u otra, no llegó a alcanzar.
Cuento en sí misma, la música de Goldsmith combina romanticismo, impresionismo y el carácter atonal y dodecafónico que el maestro tanto gustaba de incluir en sus composiciones. El resultado es un score que no se lo pone fácil al espectador y que salta de forma brusca entre las melodías más bellas y los golpes de sonidos sintéticos y que, temáticamente complejo, va narrando la historia en modos mucho más precisos que lo que se puede llegar a extraer del visionado del filme, un detalle cuanto menos curioso que habla, no cabe duda, de la maestria de uno de los mejores compositores con los que ha contado el séptimo arte.

Cuando la cinta se redujo a su duración final, la música de Goldsmith fue salvajemente alterada, perdiéndose la cohesión interna de un proceso que había comenzado en la pre-producción otro detalle completamente anormal, el compositor siempre es de los últimos que se sube al barco de una producción y casi siempre lo hace cuando la cinta está montada en su práctica totalidad. Utilizando temas del temp track extraídos de "Psicosis II" ("Psycho II", Richard Franklin, 1983) (sic), no sería este el peor "feo" que se le haría al trabajo del músico ya que Universal, en un alarde de estupidez supina, consideró que para la versión americana de la cinta era necesaria una banda sonora más comercial y de estilo pop/rock, contratando a Tangerine Dream para hacer "más accesible a los jóvenes" la cinta.
Huelga decir que no fue así y siempre me ha gustado pensar que el batacazo que "Legend" se dió en la taquilla fue en parte debido al maltrato al que se sometió a una de mis composiciones favoritas tanto de Goldsmith en particular como de los años 80 en general, un trabajo magnífico que no se pudo apreciar en su totalidad hasta la edición que se llevó a cabo en 1992 y cuya íntima comunión con las imágenes sólo es valorable (y no de forma plena) en el Montaje del Director del filme que se lanzó al mercado doméstico en 2002.
La magia de "Legend"

Recuerdo el día como si fuera ayer: era un sábado por la mañana de 1990 y mi amigo Paco y yo nos habíamos acercado al enorme videoclub del que servidor era socio para alquilar un VHS con el que pasar la tarde sí, yo era de esos que prefería pasar la tarde viendo cine que dando tumbos por la calle. Al final, dos opciones eran las que más no tentaban: en una mano, "El torreón" ("The Keep", Michael Mann, 1983), una cinta de la que ya os hablé en su momento en Cine el salón. De la otra, una de esas atrayentes carátulas que tanto abundaban en los ochenta y con un nombre, el de Ridley Scott, sirviendo de principal reclamo.
Al final, como podéis imaginar, pudo más mi criterio que el de mi amigo, y "Legend" se vino a casa para posterior desesperación suya y gran regocijo mío: ya desde aquél primer visionado mutilado la versión a la que tuvimos acceso era, obviamente, la europea de 95 minutos, atisbé en el filme de Scott una magia que mi compañero de sofá no fue capaz de apreciar y que, aunque no se ha mantenido incólume a lo largo de los años como si han hecho otros muchos filmes de fantasía de los ochenta, sigue justificando el ocasional revisionado, ya en blu-ray y en sus 113 minutos, de una cinta que tiene un je ne sais quoi sobre el que nunca he sido capaz de poner el dedo.

Soy el primero que admite los muchos problemas de ritmo y guión que atesora la cinta a lo largo de su metraje, así como aquellos que conciernen tanto a su indefinición ¿es un filme para adultos? no, ¿es un filme para niños? tampoco, ¿es una producción destinada a los jóvenes? lo dudo como a lo que Tom Cruise y Mia Sara atañe. Pero, al mismo tiempo, soy incapaz de no valorar en su justa medida el alucinante diseño de producción de la cinta, la magia que desprende ese bosque completamente artificial en el que se desarrolla gran parte de la acción, el soberbio trabajo que hace Curry encarnando a ese imponente demonio rojo y el halo que envuelve a la totalidad de la producción de mano de una realización que, sin ser tan portentosa como en sus dos filmes anteriores, saca impresionante partido de los entornos por los que se mueve la trama.
Indescriptible como decía más arriba, la magia de "Legend" alude en última instancia a una serie de parámetros inconscientes que son lo que provocan que considere al filme como uno de los más fascinantes de Scott sin ser capaz de explicar con todo lujo de detalles el porqué. Quizás sea ahí donde resida la grandeza de una cinta que muchos consideran una obra maestra del género, en conectar con una parte primaria de nuestro entendimiento que no podemos verbalizar y que al final sólo acertamos a concretar en un "me gusta porque sí". Y a ver quién viene a discutir tan categórico criterio.
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La noticia Ridley Scott: Legend, fascinación fue publicada originalmente en Blogdecine por Sergio Benítez.
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Que opina usted? Ridley Scott: Blade Runner, el futuro era de color noir - 07/02/2014 5:12:14

" De la misma manera que le había ocurrido cuando finalizó el rodaje de "Los duelistas" ("The Duellists", 1977), una vez Ridley Scott hubo abandonado a la Nostromo a su suerte se embarcó en el que a todas luces pretendía que fuera su siguiente proyecto, una ambiciosa puesta en escena del "Dune" de Frank Herbert, una cinta mastodóntica heredera del proyecto que Alejandro Jodorowsky había tratado de poner en pie desde mediados de la década anterior y en la que en un momento u otro estuvieron implicados nombres como los de Moebius, Giger, Peter Gabriel, Dalí u Orson Welles.
Pero querría el destino que Scott terminara por desentenderse de un proyecto que terminaría firmando en 1984 el sin par David Lynch en favor de otro que llevaba algún tiempo rondando los estudios de Hollywood en busca de un realizador con la suficiente personalidad como para levantarlo. Y otra cosa no, pero si algo ha podido quedar claro con las dos entregas que hasta ahora hemos hecho en este especial sobre el cineasta británico, es que a Ridley Scott siempre le ha sobrado personalidad, y aunque en primera instancia no se mostró muy interesado por una cinta que parecía seguir la misma línea que las aventuras de Ripley y compañía, la insistencia de Hampton Fancher, el guionista novel que se había hecho con los derechos del relato de Philip K.Dick en el que se basa el presente filme, terminó inclinando la balanza y provocando que "Blade Runner" (id, 1982) se convirtiera en el tercer filme de Scott y, a todas luces, en aquél que serviría para asentar de forma definitiva el nombre del realizador.
Mucho por no decir todo de lo que servidor afirmaba la semana pasada en este mismo párrafo de la entrada correspondiente a "Alien, el 8º pasajero" ("Alien", 1979) es aplicable a "Blade Runner" con la misma intensidad: considerando que a la hora de descubrir los mil y un detalles que rodearon la producción de la soberbia cinta de Scott los cinéfilos tenemos a nuestra disposición ese "Future Noir" escrito por Paul M.Sammon un volumen de cabecera en toda biblioteca cinematográfica que se precie dedicar aquí esfuerzos a reincidir sobre lo mucho que se deriva de la lectura del citado volumen es una opción que ni siquiera he llegado a considerar como sí hice de cara a la crítica de "Alien". En consecuencia, y siguiendo una estructura parecida a la de hace siete días, pasemos a discretizar lo que "Blade Runner" lleva suponiendo desde hace treinta años para generación tras generación de cinéfilos que caen rendidos ante este filme de tan singular belleza.
Espacios urbanísticos del s.XXI

Determinado por la fuerte voluntad gráfica de Syd Mead, un diseñador e ilustrador sin el que "Blade Runner" no sería la misma película, el carácter continuista que Scott da con la caracterización de esa Los Ángeles del año 2019 a los espacios abigarrados y llenos de contrastes que la luz rasgaba en los interiores de la Nostromo es tan sólo la evolución lógica de los intereses visuales del cineasta que, como ya hemos dicho y afirmaremos hasta la saciedad a lo largo de este especial siempre se ha preocupado más de la belleza estética y la expresividad plástica de las imágenes que componen sus producciones que de otros aspectos tan relevantes para el buen devenir de una cinta como la corrección del guión.
Desde esos primeros y fascinantes planos aéreos en los que la urbe se muestra como una factoría, pasando por todos los que el filme dedica a cimentar el aspecto de una ciudad sucia, en la que nunca parece ser de día, la mirada de Scott, su portentosa forma de separar luz de tinieblas se convierte en principal foco de atención de un metraje que contiene imágenes y más imágenes de una belleza arrebatadora que sólo se entienden desde el conocimiento de los intereses del cineasta y sólo se pueden apreciar, hasta cierto punto, prescindiendo del hecho cinematográfico y pasando al pictórico.
El choque frontal que el diseño provoca entre los edificios hiperfuturistas que aparecen en el metraje en especial el de la Tyrell Corporation y aquellos como el Bradbury que, desubicados de su realidad diaria, encuentran nuevas y atractivas perspectivas a las que acomodarse, es el que provoca, junto a todo lo anterior, que "Blade Runner" sea, sin duda, el filme más fascinante de Scott desde una óptica puramente visual, dejándose la piel tanto el cineasta como el equipo de diseño de producción en plagar cada fotograma de una miríada de detalles que, a la manera de Moebius o el citado Mead, insuflan vida propia a las naturalezas muertas de las calles que pisan los protagonistas.
Sonoridades para un mundo oscuro

Seamos francos. Si bien es algo que hasta cierto punto no podría afirmarse de sus cuatro primeros filmes y de uno acerca de cierto romano que ya veremos, la música es un aspecto que Scott nunca ha cuidado con el mismo esmero que las imágenes a las que ésta debe acompañar, y muchos son los títulos de la filmografía del cineasta en los que la banda sonora se limita a servir de mera comparsa al resto de consideraciones artísticas, sin llegar a aportar la necesaria personalidad con la que un buen score es capaz de llegar a caracterizar hasta al más mediocre de los filmes.
Afortunadamente, no es ese el caso que hoy nos ocupa, y si "Alien" no puede entenderse en toda su amplitud sin hacer referencia al magnífico trabajo en los pentagramas que llevo a cabo Jerry Goldsmith, otro tanto pasa aquí con lo que Vangelis llegó a desarrollar para una partitura que, mutilada en la sala de montaje, no llegaría a poder escucharse de forma aislada en toda su plenitud hasta casi una década después por expreso deseo del músico griego: derivado de la grandeza del tema de los créditos finales, el más conocido de la banda sonora y uno de los mejores que Vangelis ha compuesto jamás, a la que se une la que dimana del de amor asociado a Deckhard y Rachel, la música de "Blade Runner" viene a aumentar el halo de ensoñación en el que se arropa toda la proyección, trabajando el compositor con texturas musicales etéreas y una gran cantidad de dispares influencias que funcionan a las mil maravillas en conjunción con el ecléctico mundo imaginado por Scott.
Humanos y replicantes

Interesado como ya hemos dicho más por la vertiente estética de su cine que por cualquier otro aspecto, Ridley Scott siempre ha buscado actores de peso en los que hacer descansar la responsabilidad de sacar adelante los diversos rodajes en los que se ha visto implicado sin tenerlos muy en cuenta, algo que ha le ha generado no pocos encontronazos con sus "estrellas" a lo largo de los años. "Blade Runner" no fue una excepción en este sentido y muchos fueron los problemas que el cineasta tuvo con un Harrison Ford que con su encarnación de Deckard, ese asesino de replicantes retirado y desencantado del mundo que le rodea, lograba apartar de un plumazo la imagen de bravucón y pendenciero que teníamos de él gracias a sus Han Solo e Indiana Jones.
Concretando uno de los mejores papeles que le hemos visto interpretar Ford es, junto a Rutger Hauer quien no se emocione con el monólogo final del personaje de Roy Batty es que tiene horchata en las venas lo mejor que ofrece la cinta de Scott en términos de actuaciones, un aspecto de la cinta que flojea sobremanera en lo que a Daryl Hanna o Sean Young atañe, no generándose entre esta última y Ford la química suficiente para hacer creíble el sesgo amoroso del filme, algo imperdonable considerando la relevancia que tiene tanto en la definición de Deckard como en la conclusión de la trama.
Muchas versiones para una misma película

Vaya por delante que, desde el momento que la ví, hace ya veintidós años, el "Montaje del Director" que Ridley Scott preparó de "Blade Runner" con motivo de su décimo aniversario me pareció una forma como otra cualquiera de vender el mismo caramelo con diferente envoltorio. Es más, el quitar la voz en off de Deckard, añadir el dichoso sueño del unicornio y eliminar el "happy ending" suponía, para alguien que había visto el original incontables veces durante los ochenta, una afrenta similar a si a Michael Curtiz se le hubiera ocurrido cambiar el final de "Casablanca" (id, 1942) haciendo que Rick terminara con Ilsa.
Apreciaciones personales al margen, y con ese "montaje final" editado en 2007 reiterando en las mismas propuestas y corrigiendo incontables efectos visuales, creo que el debate que abren las diversas versiones del filme unas versiones que ya existen desde el momento de su estreno, con un montaje estadounidense sensiblemente diferente al internacional es de una esterilidad notoria: el hecho de que Deckard pueda o no ser replicante por soñar con unicornios o que el final de la acción sea un fundido a negro tras el cierre de las puertas del ascensor varía muy poco la amplitud del diálogo que puede establecerse con respecto a un filme que ya era lo que era en su encarnación original de 1982, no habiéndose alterado la esencia del mismo con añadidos que se comprenden más desde la óptica de negocio del formato doméstico que desde la voluntad de Scott de perfeccionar una obra que, siendo de la época que es, no ha envejecido ni un ápice los efectos visuales de Douglas Trumbull siguen siendo magníficos.
Lágrimas sobre el asfalto

Con las muchas disquisiciones de corte religioso y filosófico que podrían llegar a hacerse acerca de los replicantes, en las que no voy a entrar por ser ésta una crítica cinematográfica, no puedo finalizar sin hacer referencia a lo que desde un primer momento, cuando visioné la cinta con ocho o nueve años, más llegó a llamar mi atención sobre la misma, su marcado carácter de filme noir. No es que con esa edad uno supiera que era el cine negro y cuáles eran sus patrones, pero sí que lo que "Blade Runner" postulaba se alejaba de lo que la ciencia-ficción, un género del que consumía todo lo que se me ponía a tiro, solía ofrecernos por aquellos años.
Jugando con las características clásicas que el género negro había llevado hasta la perfección en la época dorada de Hollywood, en "Blade Runner" encontramos desde una suerte de femme fatale encarnada en Rachel aunque muy lejos quede Young de acercarse, qué digo yo, a Veronica Lake hasta ese héroe Chandleresco que es Deckard, un personaje de cuestionable moral que quedará redimido por el sacrificio de un replicante que, más allá de sus cuestionables métodos, sólo quiere vivir.
Rozando el cielo en esa sublime escena que arranca con "He visto cosas que vosotros no creeriáis…", quizás muchos os estéis preguntando cómo, si no he apuntado casi nada negativo al respecto de la cinta, no he calificado a la misma en similares términos a los que usé la semana pasada para "Alien": el hecho de no tachar a "Blade Runner" de Obra Maestra tiene mucho que ver con la firme creencia de que el guión de David Peoples no funciona a las mil maravillas como si lo hacía el de Dan O"Bannon, y el que, por mucho que sea algo que le va al metraje como anillo al dedo, el ritmo de éste decaiga en no pocos momentos. Dichos lastres no comportan una relevancia suma, pero son suficientes como para dejar al tercer filme de Ridley Scott en un sobresaliente más que merecido al que, desafortunadamente, el cineasta tardará en volver a acceder.
En Blogdecine | Algunas magias de "Blade Runner"
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Noticia, Ridley Scott: Alien, el octavo pasajero, la obra maestra - 31/01/2014 3:30:23

" A medio camino de desarrollar un proyecto sobre "Tristán e Isolda" que quedaría postergado sine die hasta que, casi treinta años después, lo retomara como productor en aquél olvidable filme dirigido por Kevin Reynolds y protagonizado por James Franco y Sophia Myles, Ridley Scott se encontró casi de casualidad con una producción que estaba llamada a colocarlo de la noche a la mañana y a escala planetaria en boca de unos entusiasmados cinéfilos que veían como el cineasta daba un salto de gigante con respecto a "Los duelistas" ("The Duellists", 1973) y se encumbraba como un referente ineludible de la ciencia-ficción cinematográfica contemporánea a caballo entre los formalismos estéticos del Kubrick de "2001: una odisea en el espacio" ("2001: A Space Odissey", 1968) y el sentido del espectáculo y lo comercial que George Lucas y Steven Spielberg habían desarrollado respectivamente en "La guerra de las galaxias" ("Star Wars", 1977) un filme que tuvo singular protagonismo en la decisión de Scott de rodar el que hoy nos ocupa y "Encuentros en la tercera fase" ("Close Encounters of the Third Kind", 1978).
"Alien, el 8º pasajero" ("Alien", 1979) cerraba una década en la que la ciencia-ficción como ya iremos viendo en el ciclo que le estamos dedicando había pasado de la búsqueda de una identidad que supiera estar a la altura de lo que Kubrick había impuesto con su magistral aproximación al género, a evolucionar de un modo inesperado en pos fórmulas que anunciaban el viraje hacia el espectáculo de masas al que buena parte de la producción anclada al sci-fi iba a rendirse una vez entrados los ochenta. Pero antes de que eso ocurriera, y queriendo postularse en unas actitudes que navegaran por senderos más o menos inexplorados, maclando los patrones del género con los del cine de terror, Ridley Scott firmaba una cinta fascinante, intensa, oscura, un prodigio de la narración, del diseño de producción y de la música que lleva treinta y cinco años huyendo sin despeinarse a ese paso del tiempo que tan mal ha sentado a otras propuestas muchísimo más recientes…incluso firmadas por él mismo no hace ni veinticuatro meses…
Con gran cantidad de literatura y los indispensables extras y documentales que acompañan a su imprescindible edición en Blu-ray o en su defecto, en DVD, y por más que durante breves momentos estuve planteándome el dar a esta entrada la estructura que han tenido otros artículos firmados por servidor en los que se rendía prolongada pleitesía a todo aquello que tenía que ver con la gestación y producción del filme en cuestión, he decidido centrar mi atención de cara a "Alien" en valorar de forma más o menos extensa, y del modo más personal posible, todo aquello que, con el paso del tiempo y los constantes revisionados de esta asombrosa obra de arte me han llevado, y siguen llevando a afirmar con contundencia que, a la hora de hablar de ella, sólo lo podemos hacer en términos de Obra Maestra del séptimo arte.
Espacios y formas para el terror

Nunca me habían gustado las cintas de terror porque, en última instancia, siempre se trataba de un tipo en un traje de goma. Bueno, sólo hay una manera de tratarlo. Lo más importante en un filme de este tipo no es lo que ves, sino lo que crees haber visto.
Ridley Scott
Pocas dudas pueden haber a la hora de aproximarse a un análisis valorativo de "Alien" acerca de que un alto porcentaje de la efectividad de lo que Scott termina consiguiendo plasmar en celuloide se debe a la acción directa de lo que el maravilloso diseño de producción de la cinta llega a concretar, ya estemos hablando aquí de lo que respecta a los muy diversos espacios que Ron Cobb planteó para componer la Nostromo como de lo que compete de forma exclusiva a la forma en la que H.R.Giger ideó al monstruo en sus diferentes etapas de crecimiento, instilando un terror imperceptible en el espectador gracias a la conjunción de ese orgánico y sexual aspecto que le confería el artista suizo con la forma en la que la cinta lo muestra en pantalla mediante fugaces planos que nunca llegan a dejarnos vislumbrar en su totalidad el asombroso trabajo que el oscuro y peculiar autor consiguió junto a Carlo Rambaldi responsable éste de lengua retráctil de la criatura.
Fascinante es también, y ya no sólo estamos hablando de aquello que es responsabilidad del diseño, la clara diferenciación que Scott y Derek Vanlint, el director de fotografía del filme, establecen entre las estancias asépticas de ese camión espacial que son el comedor y la enfermería en contraste con lo sucio y aterrador del resto de la Nostromo, compuesta como está de pasillos herrumbrosos llenos de cables y tuberías y ahogados por la plomiza y húmeda atmósfera con la que se caracterizan esos idóneos lugares para que el Alien campe a sus anchas. Aumentando la precisa narrativa de Scott, de la que no sobra ni un sólo plano, lo que del miedo natural hacia dichos espacios dimana del espectador, las escenas de la búsqueda del xenoformo por esos asfixiantes corredores y todo ese tramo final iluminado por la intermitencia de las luces de emergencia quedaron establecidos de forma inmediata como patrones sobre los que el género volvería una y otra vez en tiempos posteriores.
En el vacío SÍ hay sonidos

Unido a un diseño sonoro soberbio que hace del cadente latir de los motores de la Nostromo uno de los elementos indisolubles en la concreción de las muchas sensaciones de angustia que se derivan del visionado de "Alien", el trabajo de Jerry Goldsmith para los 117 minutos de metraje es uno de los factores fundamentales que convierten a la cinta de Scott en la extrema experiencia que termina siendo. Aún mutilada por un cineasta que inicialmente casi había obligado a la Fox para lo contratara a instancias de la fascinación que sentía por las sonoridades de "Freud" (id, John Huston, 1962) una banda sonora que, irónicamente, determinaría mucho del montaje sonoro final del filme, la partitura de Goldsmith es una de las más comprometidas con las imágenes que debía acompañar que el maestro llegó a componer a lo largo de su magnífica trayectoria.
Diametralmente opuesta al rescate de la opulencia sinfónica clásica que su amigo John Williams había llevado a cabo para dar empaque a las aventuras en aquella galaxia muy, muy lejana, la sobriedad en la utilización de instrumentos que ostentan los pentagramas de Goldsmith provocan la completa deshumanización de la cualidad sonora del filme, algo que ya habíamos podido observar "El planeta de los simios" ("Planet of the Apes", Franklin J.Schaffner, 1968) y que, a través de los sugerentes usos de la cuerda y el viento o la fría precisión del metal a la hora de describir las andanzas del extraterrestre a bordo de la nave, acerca a la cinta a una estrecha comunión con el miedo a lo desconocido y al vacío propios del espacio exterior.
Siete eran los diez negritos

(Pequeño spoiler) Ripley, Lambert, Dallas, Ash, Kane, Parker y Brett. Siete nombres que conforman una tripulación a la que Dan O"Bannon con la ayuda no acreditada de David Giler y Walter Hill dotó de tanta vida que resulta improbable que "Alien" hubiera sido el mismo filme de no haber contado con un rosario tan amplio y bien diferenciado de personalidades. Un muestrario que funciona tanto por la interacción de lo que Sigourney Weaver, Veronica Cartwright, Tom Skerrit, John Hurt, Yaphett Kotto y Harry Dean Stanton ponen en juego con sus constantes puyas, y perfilados comportamientos, como por la contraposición de los seis humanos cuando tienen que vérselas con la frialdad calculadora de Ash, ese androide al que Ian Holm insufla tan terrorífica vida. (Fin spoiler)
Como ya sucediera con la forma en la que rueda la Nostromo, convirtiéndola en un silente e imposible noveno pasajero, Scott es el directo responsable de que el libreto de O"Bannon y lo que éste dedica a la definición del alien funcione en tan espectaculares formas: rodando la práctica totalidad de lo que a los personajes concierne desde un punto de vista externo, la subjetividad propia del género de terror queda aquí reducida a los momentos de mayor impacto, y el recurso del cineasta de mostrar las reacciones de los personajes cuando interactúan con el extraterrestre es de una eficacia suma en secuencias puntales como los ataques a Brett, Dallas y Lambert o, cómo no, la del nacimiento del chest-burster, uno de los instantes más truculentos, espectaculares e inolvidables de los que el cine de género nos ha dejado a lo largo de la historia.
El genio de la luz…y las tinieblas

Aunando todo lo anterior, conjugando factores que en muchos casos ya hubieran elevado el filme por si sólo a la categoría de notable, orquestando una función que y disculpen la frase manida no hubiera sido igual de no haber contado con él, y pariendo una temprana obra maestra con su segundo cargo como director, Ridley Scott sigue explorando en "Alien", y seguirá explorando a lo largo y ancho de su carrera las muchas y muy asombrosas posibilidades que el moldeado de la luz otorga a la creación de ambientes: combinado aquí con todas las herramientas a su alcance, las citadas secuencias de la persecución por los pasillos o el clímax, unidas a otras como la entrada en la nave alien o los también nombrados ataques del xenomorfo, son todos ejemplos de una espectacularidad sin par que demuestran que, a sus 42 años, y con todo el bagaje publicitario que arrastraba, Scott era ya un cineasta consumado.
Un hecho que también rubrica el magnífico uso de las elipsis a lo largo de la acción digno de estudio como va resolviendo los minutos posteriores al ataque del facehugger, la precisa dirección de actores, en cuya elección jugó un papel determinante el cineasta por su voluntad de contar con un grupo de profesionales en los que poder confiar más de la cuenta para así poder centrarse en otras tareas o, cómo no, la asombrosa y paradójica simbiosis que se da entre el carácter letánico inherente a la personalidad del filme y el ritmo imparable que Scott confiere al conjunto, no permitiendo que la desazón del espectador disminuya un ápice durante las dos horas de metraje.
Por todo ello, y por todo aquello que siempre se queda entre líneas y que uno se guarda por la dificultad de expresarlo con palabras, "Alien, el 8º pasajero" ha sido, es y siempre será, una obra maestra del séptimo arte y cima temprana de un director que, no obstante, escalará semejantes alturas con su siguiente producción, una a la que dedicaremos líneas igualmente sentidas la próxima semana y que se establece junto al presente hito cinematográfico como piedra angular de toda una forma de hacer cine sobre la que, desafortunadamente, Ridley Scott nunca ha llegado a volver.
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"Alien", el terror de lo desconocido
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Noticia, Los Oscar más inmerecidos - 17/01/2014 7:49:29

" Aún estamos con la resaca del anuncio de las nominaciones a los Oscar, pero lo cierto es que yo no encontré ninguna gran sorpresa entre las aspirantes al premio. De hecho, me llamó mucho más la atención algunas de las elecciones entre las candidatas a los Razzie, pero bueno, hace ya años que estos galardones han perdido toda credibilidad. Sin embargo, volvamos de nuevo a los premios de la Academia de Hollywood, ya que a lo largo de su dilatada historia se han cometido auténticas burradas, tanto a la hora de elegir a las nominadas como cuando se han anunciado a los "mejores" de ese año.
Es por ello que he querido hacer una pequeña selección de los que considero que son los diez oscar más inmerecidos, aquellos que nunca debieron darse. Para ello he tenido en cuenta tanto la calidad del trabajo del premiado como la competencia que tenían ese año, por lo que quizá encontréis varias sorpresas entre mis personales elecciones a mí mismo me cuesta entender que haya acabado teniendo que dejar fuera ciertos premiados, pero os prometo que me he limitado a ser sincero y la única "trampa" que he hecho es que ante la duda, he optado por elegir el caso de la categoría que tuviera menos representación en la lista. Sin más que añadir, os invito a descubrir mi selección y a debatir al respecto en los comentarios.
Al Pacino mejor actor por "Esencia de mujer" ("Scent of a Woman", Martin Brest, 1992)
Los premios compensatorios son algo relativamente común en la Academia de Hollywood aunque también hay casos en los que se esperaba algo así y luego el galardón fue a manos de otra persona y hay ocasiones en los que se cometen errores tan clamorosos como el concedido a Al Pacino por su participación en "Esencia de mujer". Ni mucho menos quiero decir que se trate de una mala actuación, pero sí de una que depende demasiado de un par de escenas la del baile por ejemplo y que en el cómputo global jamás debió llevarse el premio.
Además, la competencia ese año tenía mucho nivel, ya que también teníamos nominados a Robert Downey Jr. en "Chaplin" (Richard Attenborough, 1992), Clint Eastwood por "Sin perdón" ("Unforgiven", Clint Eastwood, 1992), Stephen Rea por "Juego de lágrimas" ("The Crying Game", Neil Jordan, 1992) y Denzel Washington por "Malcolm X" (Spike Lee, 1992). Y es que Al Pacino debería tener al menos un Oscar en casa, pero es una injusticia bastante importante que lo tenga precisamente por liderar la cinta de Martin Brest. De hecho, ese mismo año también estaba nominado como mejor actor secundario por "Glengarry Glen Ross" (James Foley, 1992) y hubiese sido mucho más merecido haberlo ganado ahí.
"Brave" (Mark Andrews, Brenda Chapman y Steve Purcell, 2012) mejor película animada"
Un Oscar por ser la película de Pixar de ese año, así de sencillo. Y es que a veces se vive de las rentas y este es el perfecto ejemplo de ello. No es ya que no fuera la mejor y ya no es solamente cosa mía, que era la peor valorada por la crítica americana, sino que fácilmente era la menos buena de las nominadas, donde también encontramos a "¡Rompe Ralph!" ("Wreck-It Ralph", Rich Moore, 2012), "El alucinante mundo de Norman" ("ParaNorman", Chris Butler y Sam Fell, 2012), "¡Piratas!" ("The Pirates! Band of Misfits", Peter Lord y Jeff Newitt, 2012) y "Frankenweenie" (Tim Burton, 2012). Eso sí, parece que ya se le ha agotado el crédito, que este año la Academia ni tan siquiera ha nominado a la simpática "Monstruos University" ("Monsters University", Dan Scanlon, 2013) cuando lo merecía más que al menos una de las candidatas.
Mejor película para "Gigi" (Vincente Minnelli, 1958)
Hubo una época en la que parecía que no podían pasar muchos años sin que un musical se llevase el premio gordo para casa, aunque ninguno lo mereció menos que "Gigi". Ojo, es una película con la que disfruté, sobre todo por la presencia de Maurice Chevalier, pero es que ese fue también el año de "Sed de mal" ("Touch of Evil", Orson Welles, 1958) que no consiguió ni una triste nominación o "Vértigo" (Alfred Hitchcock, 1958) únicamente candidata en un par de categorías técnicas. Y si preferís que me centre en las nominadas, "Gigi" jamás debió batir a "La gata sobre el tejado de zinc" ("Cat on a Hot Tin Roof", Richard Brooks, 1958).
Los dos Oscars consecutivos para bandas sonoras de Gustavo Santaolalla
Esta es la elección más personal y en la que difícilmente encontraréis mejores argumentos que el enorme rechazo que me provoca el trabajo del propio Santaolalla. Eso sí, me cuesta muchísimo más entender el premio por "Babel" (Alejandro González Iñárritu, 2006), mediocre cinta manipuladora hasta la médula y con una banda sonora poco inspirada que se limita a resaltar ese aspecto, que el de "Brokeback Mountain" (Ang Lee, 2005). Sólo concibo sus premios como una de esas modas pasajeras que hay a veces en los Oscar, pero es que normalmente se limitan a meras nominaciones para caer rápidamente en el olvido.
Mark Boal por el guión de "The Hurt Locker" (Kathryn Bigelow, 2008)
Tengo que reconocer que no soy uno de los mayores defensores de "The Hurt Locker" y que el Oscar a mejor película no hubiese ido para ella si de mi dependiera. Sin embargo, no fue algo especialmente injusto, pero sí lo fue la estatuilla a mejor guión original que recogió Mark Boal por su trabajo en esta película de Kathryn Bigelow. El libreto era su eslabón más débil el trabajo de dirección era lo que conseguía que no resultase algo molesto, pero la verdad sigue siendo esa y sólo el voto en bloque a la película hace comprensible su reconocimiento. De hecho, no debería ni haber estado nominado.
Cuba Gooding Jr. mejor actor secundario por "Jerry Maguire" (Cameron Crowe, 1996)
Una escena ¡Enséñame la pasta!, por muy mítica que sea, no te hace merecedor de un Oscar, sobre todo si lo demás que haces en la película es limitarte a no estorbar demasiado. Tanto Edward Norton por "Las dos caras de la verdad" ("Primal Fear", Gregory Hoblit, 1996) como William H. Macy por "Fargo" (Joel Coen, 1996), Armin Mueller-Stahl por "Shine" (Scott Hicks, 1996) o James Woods por "Fantasmas del pasado" ("Ghosts of Mississippi", Rob Reiner, 1996) eran más merecedores de esa estatuilla.
Mejor película para "Gente corriente" ("Ordinary People", Robert Redford, 1980)
Una película claramente superior a otros títulos que consiguieron llevarse para casa esa preciada estatuilla, pero eso no quita para que su victoria sea especialmente desconcertante. Creo que con decir que "Toro salvaje" ("Raging Bull, Martin Scorsese, 1980) y "El hombre elefante" ("The Elephant Man", David Lynch, 1980) estaban entre sus rivales es más que suficiente para entender la inclusión de "Gente corriente" aquí. Además, tampoco hubiera pasado nada si la estatuilla a mejor director de Robert Redford en el vídeo superior podéis ver su discurso de agradecimiento hubiese acabado en las manos de Martin Scorsese o David Lynch, la verdad.
Luis Bacalov mejor banda sonora por "El cartero y Pablo Neruda ("Il Postino", Michael Radford, 1994)
Hasta el último momento tuve dudas sobre cuál iba a ser la última elegida para esta lista, por lo que pedí consejo a mis compañeros y Sergio dio totalmente en el clavo al recordarme la enorme injusticia que se cometió al premiar al bonito tema central que Luis Bacalov compuso para "El cartero (y Pablo Neruda)" por encima del monumental trabajo realizado por James Horner para "Braveheart" (Mel Gibson, 1995). Con todo, estaba claro que la cinta de Michael Radford iba a llevarse al menos una estatuilla y se ve que los votantes quisieron reconocer la trágica historia detrás de su creación Massimo Troisi, su protagonista, aplazó una operación cardíaca para completar la película y murió al día siguiente de acabar el rodaje por culpa de un ataque al corazón con el premio "menos importante" de los cinco a los que aspiraba.
Roberto Beningni mejor actor por "La vida es bella" ("La vita
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