miércoles, 9 de julio de 2014

El Gran Hotel Budapest, imperfecto y bello optimismo y Adam resucitado, la locura del nazismo

Información: El Gran Hotel Budapest, imperfecto y bello optimismo - 07/04/2014 3:26:05

" El concepto de autor aplicado a un director de cine es algo con lo que siempre he tenido mis más y mis menos no podría parecerme más ridícula la idea de que la peor cinta de un autor será mejor que aquella de cualquiera que no lo sea, ya que parece que sólo puede usarse para los realizadores que hacen cierto tipo de películas cuando a la hora de la verdad sería perfectamente aplicable con creadores más conflictivos como Michael Bay. Sin embargo, el caso que nos interesa ahora es el de Wes Anderson, un autor indiscutible más allá de la calidad individual de cada una de sus películas.
Me consta que Anderson tiene fervientes defensores y acérrimos detractores de su estilo. Por mi parte, me sitúo en un punto intermedio que ha hecho que me encanten títulos como "Academia Rushmore" ("Rushmore", 1998) o "Moonrise Kingdom" (2012), pero también acabé bastante insatisfecho tras el visionado de "Life Aquatic" (2004) y "Viaje a Darjeeling" ("The Darjeeling Limited", 2007). Con "El Gran Hotel Budapest" ("The Grand Hotel Budapest", 2014) se ha quedado a mitad de camino de ambas realidades, aunque lo positivo sea bastante más abundante que lo negativo.
El encanto de "El Gran Hotel Budapest"

Una cosa que he ido notando en el cine de Anderson es su creciente optimismo a la hora de contarnos sus particulares historias, algo que alcanza una nueva cima con "El Gran Hotel Budapest" sin renunciar en ningún momento a su muy personal estilo. Mi compañera Lucía ya nos habló del mismo para mostrar si ligero descontento hacia la película, pero yo sí que he notado, aunque en algunos casos haya sido tiempo después de verla, ciertas diferencias respecto a sus anteriores trabajos que merece la pena destacar.
Lo más llamativo es el uso de unos colores mucho más vivos que transmiten una constante sensación de felicidad que hasta ahora Anderson había ido moderando de forma más o menos pronunciada según el caso. Aquí no hay límite alguno y toda ocasión es buena para saturar cualquier plano con un explosión de colores que recalquen ese elogio de lo absurdo que apuntaba Sergio y sobre el que se asientan las raíces de una obra que rehuye lo trascendental en beneficio de un relato ágil en el que el principal objetivo es conseguir la sonrisa del espectador.
Otro rasgo habitual de Anderson es confiar en un grupo de actores que han demostrado su valía dentro de su universo cinematográfico, pero en el caso de "El Gran Hotel Budapest" su eficacia es mucho más moderada, ya que hay ocasiones en las que únicamente sirven para ralentizar y complicar innecesariamente la ligera historia que se nos está contando. No faltan varios cameos deliciosos mi favorito personal es el de Willem Dafoe, pero hay tal saturación que llegué a desconectar de lo que sucedía en pantalla, un error imperdonable para cualquier película.
Una película mucha más compleja de lo que parece

Más acertados son las nuevas inclusiones, en especial el dúo protagonista interpretado por un exquisito, carismático y encantador Ralph Fiennes y un solvente Tony Relovori como contrapunto del primero en la que supone su primera aparición en la gran pantalla. Impecable resulta también la química entre ambos y la capacidad para hacernos olvidar lo intrascendente de muchas cosas que se nos cuentan por mucho que haya ciertas reflexiones subyacentes interesantes en sí mismas, pero más estimulantes por hacernos pensar a posteriori en ellas que por su acertada integración en el relato, ya que, por ejemplo, creo que todo hubiese funcionado mejor de no haber optado por convertir la trama central en un gigantesco flashback.
Todo ello controlado con una precisión impresionante por parte de Anderson, cuyo trabajo de puesta en escena en "El Gran Hotel Budapest" alcanza tal nivel de perfección obsesiva componiendo cada uno de los planos sabida es su debilidad por la importancia de lo que hay en el centro de la imagen y utilizando diversos formatos según el momento histórico que nadie debería tener problemas en admitir que es su obra más lograda en ese apartado. Esto también se contagia a otros aspectos técnicos que él mismo supervisó hasta límites casi enfermizos para que nadie pueda osar discutir su reconstrucción histórica.
La cuestión es que por mucho que la forma sea inapelable, el contenido es mucho más débil de lo habitual en él y eso se nota mucho en el momento en el que su capacidad como ejercicio de estilo pierda su capacidad de mantenernos en trance. Llamadlo fascinación o necesidad de dejarse llevar, pero Anderson abusa demasiado de ella en este caso y es ahí donde queda claro que su perfeccionismo técnico no encuentra el apoyo necesario en el guión escrito por él mismo inspirándose en la obra de Stefan Zweig.

Con todo, "El Gran Hotel Budapest" es una película con suficientes virtudes para que prácticamente cualquier espectador -y no solamente los hipsters con los que tanto se ha querido vincular, a veces con acierto y otras no tanto, el cine de Anderson pueda disfrutar de una forma u otra con su visionado, y no me costará entender que haya quien, como sucede en el caso de mi compañero Pablo, celebre su llegada con gran entusiasmo. Mucho más modesto es mi parecer, eso sí.
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La noticia El Gran Hotel Budapest, imperfecto y bello optimismo fue publicada originalmente en Blogdecine por Mikel Zorrilla.
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Que opina? Adam resucitado, la locura del nazismo - 19/10/2012 14:57:21

" No deja de sorprenderme el hecho de que algunas distribuidoras sigan esperando meses en el caso que nos ocupa, años, cuatro nada menos para estrenar en nuestro país una película que ya se encuentra editada en DVD al otro lado del charco, y que muchos ya han visto por otros métodos. Un suicidio comercial en toda regla y que luego algunos iluminados, con puestos importantes, utilizarán para atacar por sistema a ese monstruo de ocho cabezas, según ellos imagino, que es la Red. Pero no temamos, mis niños, que "Internet no es aún el presente, es el futuro". Olé, iluminado, olé. En cualquier caso y haciendo oídos sordos de semejante sandez, "Adam resucitado" ("Adam Resurrected", Paul Schrader, 2008) al fin ha encontrado un hueco en nuestras apretadas carteleras, aunque sea en un cine o dos.
"Adam resucitado" viene a demostrar que Schrader sigue fiel a sí mismo. El cine ha cambiado muchísimo desde los años 70 sobre todo gracias a gente como Lucas, Spielberg, Scorsese y compañía, pero el que fuera el guionista de esa obra magna titulada "Taxi Driver" (id, Martin Scorsese, 1975) ha seguido insistiendo en sus temas predilectos a lo largo y ancho de su filmografía, en la que encontramos películas tan estimulantes como "Blue Collar" (id, 1978) o "Forever Mine" (id, 1999), y algunas tan mediocres como "El placer de los extraños" ("The Comfort of Strangers", 1990), o "Posibilidad de escape" ("Light Sleeper", 1992). Personajes autodestructivos abocados a un largo sufrimiento.
"Adam resucitado" está basada en la novela de Yoram Kaniuk "El hombre perro", de gran prestigio y que obtuvo el interés en su momento de cineastas como Orson Welles o Werner Herzog, que quisieron adaptarla. Al final ha sido un cineasta tan alejado del maistream como Schrader, quien con la ayuda de Noah Stollman, ha puesto en imágenes un libro que se consideraba prácticamente infilmable. Así pues hay una serie de cambios en la estructura de la historia para hacerla más comprensible, por así decirlo, de cara al público. Conviene recordar, aunque es algo muy obvio, que la literatura y el cine son artes distintas con herramientas completamente diferentes, que filmar una adaptación siguiendo un libro coma por coma muchas veces no es bueno. Y ya no hablemos de las armas a utilizar.
(Spoilers)La película está estructurada a base de una serie de flashbacks del personaje central, Adam Stein Jeff Goldblum en el papel de su vida, que fue un cómico judío a principios de los años 30 en Alemania, donde más tarde y como todo el mundo sabe bueno no, hay cazurros que aún piensan que el Holocausto fue una invención y otros que incluso se alegran de ello surgió el nazismo por culpa de un monstruo que llevaba un bigote muy ridículo. Stein acaba a las órdenes de un comandante papel a cargo del actor fetiche de Schrader, Willem Dafoe que llegó a verle en una de sus triunfantes actuaciones, y que ahora le tiene en un campo de concentración, donde lo humilla haciendo que se comporte como un perro, y le hace tocar el violín mientras grupos de presos son enviados a las cámaras de gas, incluyendo la mujer e hijo de Stein, instante este uno de los más impactantes del film.
Y aunque el tema valdría para haber cargado las tintas, lo cierto es que Schrader no se para en las barbaridades que los nazis cometieron en la Segunda Guerra Mundial; prefiere hacerlo en las consecuencias de las mismas. Es por ello que "Adam resucitado" también se ambienta en un hospital psiquiátrico instalado en un desierto de Israel, y en el que Stein goza de muchos privilegios entre los residentes, supervivientes del holocausto que ven, junto con los médicos, a Stein como una especie de genio. En el film existe un punto de inflexión cuando en el centro hace acto de presencia un niño que se cree un perro, despertando en Stein sus demonios interiores. Schrader en puro estado.
Sin duda lo mejor de la película es la soberbia interpretación de Jeff Goldblum, cuya presencia ocupa el 99% del metraje. La película gira alrededor de su atormentado personaje, mixtura de genio, de canalla, de loco que se hace el cuerdo y viceversa. La muy controlada performance de Goldblum hace que sintamos todo tipo de emociones hacia su fascinante Stein, la misma fascinación que produce en personajes como el de un muy desaprovechado Derek Jacobi. Schrader filma en blanco y negro los recuerdos y el presente en color, quizá un recurso demasiado manido, pero en el presente juega con la iluminación y los movimientos de cámara hay algunos que recuerdan a los de su amigo Marty para hablar de la evolución del personaje, intrigante como pocos.
"Adam resucitado" pierde fuelle en su parte final, con subrayados demasiado obvios, dejando un aire de insatisfacción, como si Schrader tuviese prisa por deshacerse de su personaje librarle de sus ataduras emocionales, cayendo una vez más en el error de una redención demasiado forzada y apresurada. Así como ciertos personajes secundarios de supuesta importancia quedan desdibujados o colgados el de la morbosa Ayelet Zurer, el film no alcanza esa genialidad que algunos tramos hace entrever, pero se revela como un producto muy interesante sobre los fantasmas del pasado y la locura como antídoto ante la barbarie que el ser humano es capaz de hacer.
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