sábado, 18 de mayo de 2013

Una situación zoológica y The Master, amor de puñetazo ebrio

Es Noticia, Una situación zoológica - 16/02/2013 14:07:23

" Al hilo de mi último post dedicado al cine comercial, Un acto de amor, en el que mostraba mi escepticismo ante la concepción de dicho como un acto sentimental en el que se culpaba, para bien o para mal, voluntades individuales debo decir que he leído con interés todos los comentarios.
Como sucede con un foro como el que aquí se estila, cuando el debate se coloca en buenos términos se llegan a puntos de conversación estimulante, que trato ahora de continuar. Una cosa que me sorprendió del debate es la concepción psicologista (y novelesca) de los hechos en la industria comercial. Yo pretendía aclarar que las películas comerciales no pueden separarse de sus condiciones materiales, ni, por tanto, de su tasa de beneficio, aclarando que el talento o lo que se viene conociendo como la recepción es accesoria.
También entendía que esto se había producido por el auge de la figura del fan en detrimento de la figura del crítico. Seguiremos comentando eso y sus verdaderas consecuencias. Ahora me gustaría mostrar mi sorpresa ante el uso de violentas descripciones respecto a los ejecutivos y productores detrás de las películas.
Hubo calificativos de todo tipo: "chacales", "productores psicópatas" y, más allá de estos foros, no resulta raro el día en que no se defina a otros ejecutivos, incluso jefes de estudio como "buitres" o, quizás el más amable, "leones sin piedad". Tenemos además de un asunto mental importante, una situación zoológica.
Hubo quien incluso me mandó uno de los excelentes coloquios de Hollywood Reporter para que comprobara que, efectivamente, los productores hablan con amor hacia el gremio fílmico, son gente más o menos de nuestra especie y está tan educada y tranquila como es de suponer dado que no conozco muchas patologías asociadas a este oficio.
Ciertamente, el periodismo ha tenido una responsabilidad grande, si no total, en su voluntad de desdibujar las biografías en mezclas más o menos extravagantes de hechos (comprobables) y rumores (absolutamente irrelevantes) hasta el punto de que el productor se diría sucedáneo o mutación derivado de Louis Mayer, el mítico magnate del Hollywood clásico, el excesivo Robert Evans, del Nuevo Hollywood y algún alumno salido del Wall Street imaginado por el Gordon Geeko al que Michael Douglas prestó gesto y exceso.
Resulta obvio que hay personas en las altas esferas que tienen adicciones. Pero también que la afición novelesca a describir al productor guiado por el sexo y el poder no por persuasiva y divertida deja de ser más ficticia. Una idea equivocada de mi texto sería sobreentender que estoy yo condenando a los productores de seguir haciendo su trabajo de manera excelente, conforme cambian los marcos, porque el cine es, ante todo, un modo de producción.
Pero me interesa ir a la raíz del asunto. Precisamente, de manera incisiva, un comentarista me recordó que hay "otros sentimientos" además del dinero en el mundo, en este caso, del fútbol. Esta costumbre es contemporánea, la de separar alma y cuerpo, y la de separar, también, sentimientos del dinero.
Lo que quiero decir es que aceptamos que el amor habite nuestra conciencia, pero tenemos muchos más problemas (todos de índole moral y ética) en aceptar que lo hace el dinero. Yo, en cambio, creo que no, creo que el dinero habita en nuestra conciencia y condiciona, no está separado sino que es una parte más de nuestra conciencia.
No resulta difícil demostrarlo: la cantidad salarial que recibamos respecto a la situación en la que lo hagamos determinará mucho nuestra decisión. No dependerá, como se suele decir, del tipo de persona, sino, para ser más justos, de lo que esa persona puede y necesita hacer. Que en estos marcos exista la ética es una conquista formidable de nuestra cultura.
Que la gente gane mucho dinero y sea feliz haciéndolo es parte de su vocación o entrega a un oficio, y, ciertamente, el grado de sentimiento que le pongan será siempre conjetura: la mayor parte de figuras públicas (cine o espectáculos deportivos) tienen importantes contratos publicitarios y saben que no pueden mostrar hartazgo, infelicidad si quieren mantener lo que han logrado.
Así que me gustaría desentrañar este malentendido. Los productores de cine tienen una labor y es la de devolver la inversión con creces para expandir su producto. Ello no significa que en medio de ese panorama, no surjan figuras de cineastas que en su labor como productores ayuden a nuevos talentos (como Judd Apatow) o genuinos productores mecenas, ocupados de apadrinar cine comercial y cine de menor calado comercial con bastante firmeza (como el gran Scott Rudin), además de productores de cine independiente y europeo capaces de ser faro del cine más poco común (como Paulo Branco).
El cine necesita, por supuesto, grandes productores. Y, por otra parte, a nosotros nos bastaría con no sentimentalizar tanto el relato mediático de los hacedores de película, dado que ficcionaliza situaciones que, en su mayoría, no son más que habladurías de páginas cuya labor es ser una altavoz para las consiguientes guerras internas en toda gran empresa poderosa.
No hay, a día de hoy, periodistas ocupados de desentrañar los hechos del relato de sus fuentes en el mundo de las superproducciones cinematográficas. Y eso no es una carencia, pero debe el lector dejar de imaginar y, por supuesto, distribuir cualidades emocionales y sentimentales como la bondad, el cinismo y la maldad donde solamente hay, hasta que alguien demuestre lo contrario, gente haciendo su trabajo y ganando sueldos estupendos por ello.
Y si muestra desconfianza, que recuerde siempre la máxima de Samuel Goldwyn: "No me importa que esta película no sea un taquillazo si cada hombre, mujer y niño de América puede verla".
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cineasta

Interesante, The Master, amor de puñetazo ebrio - 12/01/2013 11:36:39

" El borracho y agresivo Freddie (Joaquin Phoenix) vaga entre diversos trabajos, cuando conoce, en un barco, al carismático líder Lancaster Dodd (Philip Seymour Hoffman), quien se define como médico y filósofo pero lidera un importante culto en la América de los cincuenta.
¿Cómo acercarnos a esta impecable, misteriosa y relevante obra? Vamos a intentar volver sobre los pasos del director más esquivo e imaginativo del cine norteamericano, el primer e indudable maestro , en la medida en que su estilo no es solamente reconocible sino que funciona bajo reglas enteramente nuevas , del que tenemos noticia tras la exitosa generación del Nuevo Hollywood y algunos agentes independientes surgidos, en parte, a Sundance.
Paul Thomas Anderson suele dirigir la misma historia del antagonismo paternofilial una y otra vez. Ése era el tema central de su genial debut, "Sidney" (Hard Eight, 1996), con la amistad entre Philip Baker Hall y John C. Reilly como asunto paternofilial. Incluso cuando se volvió scorsiano en su película menos interesante, la eficiente "Boogie Nights" (id, 1997) había también lazos de paternidad con el inocente "hombretón" encarnado por Mark Wahlberg.
Ya en "Magnolia" (id, 1999) su primera y fascinante obra maestra, un caos que se llena de altmanismos para lograr la mejor actuación de Tom Cruise, logra retratar varias relaciones destructivas de padres con sus descendientes, incluyendo la más potente, la de un niño que se rebela contra un padre obsesionado por su triunfo.
¿Y su rareza incomprendida, la genial "Punch-Drunk Love" (id, 2002)? Pieza de cámara sobre el problema escondido del personaje de Adam Sandler, quien busca amar pese a su crianza. A modo de paso político, "Pozos de ambición" (There will be blood, 2007) se proponía como agonizante, distanciado y desconcertante western en el que la ambición del petróleo encontraba una firme aliada en la religión organizada.
Por eso "The Master" (id, 2012) despega donde terminó la otra. Hay una nueva relación, entre Lancaster Dodd (Philip Seymour Hoffman) y el alcoholizante Freddie (Joaquin Phoenix). Pero esta vez, por primera desde Magnolia con su rebelión suspendida en el filo mismo de su último acto, parece que el hijo simbólico va a ganar la batalla.
¿Quien es el padre? Un charlatán, un embustero, pero cuya manera de someter es verbal, necesita la reafirmación y se propone salvar, aunque ello no sea lo más sencillo, el destino de Freddie. Desconcertado por su poderío tras la primera sesión de terapia, Freddie se propone creer en el maestro pero su rabia no desaparece. Soldado alchoholizado, furioso, desnortado, presa del deseo y absolutamente estancado en la promesa de que podrá cambiar, es en el desierto donde abandona al maestro.
Cualquier acercamiento a la película es, de momento, tentativo. Sucede esto con los mejores. En esta lección interpretativa, Anderson se propone volver a los grandes estilistas. La obsesión temática y rítmica por las olas remiten al Hitchcock más poético de los cincuenta y sus obsesiones circulares sacadas directamente del mundo de "Vértigo" (Vertigo, 1958). Los juegos brillantes de sonido anticipando imágenes son bien aprendidos de Terrence Malick. El uso, calculado, de la narración subjetiva demuestra muchas cosas bien aprendidas del mejor Roman Polanski. Los actores actúan verdaderamente como en el mejor cine clásico, hieráticos, dejando espacio, su manera de colocarse en el plano se suma a una concepción peculiar de la puesta en escena, el montaje, la música y la composición.
De esto, saca Anderson no un estilo sino una manera única de comprender el lenguaje cinematográfico. Tamaña hazaña debe ser celebrado como lo que es: un paso adelante en el cine norteamericano, una pieza artística de suma importancia y de enigmática belleza con dos actores en estado de gracia inmenso. Joaquin Phoenix emborracha los tics del mejor Montgomery Clift mientras que Philip Seymour Hoffman adopta los gestos justos de un Orson Welles sin dejarse ensombrecer por la sombra gigantesca de éste.
Amy Adams, por otra parte, parece ser redescubierta, como sus dos protagonistas, por Anderson, en un papel que llena de matices y estatismo. En esta fiesta delicada de autodestrucción, deseo, humillación y finalmente huida hacia algún lugar que es posible que sea mejor que el infierno, estamos invitados a reflexionar. El ritmo es avasallador, renunciando al frenesí o a la construcción lenta de gran parte del mejor cine independiente y de arte y ensayo. En vez de eso, nos encontramos en un proceso de hipnosis: la narración se sigue perfectamente, pero sus misterios permanecen intactos. Tal maestría es difícil de lograr, y pocas veces veremos un cineasta, a sus 42 años, en estado tan libérrimo y ferozmente creativo.
Lo ha dicho Kent Jones: puede que el resultado mismo de los grandes antagonismos de la filmografía de Paul Thomas Anderson sean resueltos en esta obra perdurable, única, rodada en 65 milímetros por el excelente operador del Coppola tardío, Mihai Malaimare, Jr. quien hace un trabajo sencillamente histórico, recordando la belleza de ratio de un formato cuyas posibilidades han estado decididamente inexploradas por el fervor acrítico de tecnologías últimas interpretadas como capaces (el uso feísta de las digitales, por ejemplo, rara vez dignificado). Lo mismo del impresionante trabajo musical de Jonny Greenwood, de Radiohead, que repite con el cineasta tras una experiencia fascinante en su odisea petrolífera. Logros que igualmente comparten Peter McNulty y Leslie Jones en la labor impresionante de montaje.
Esta película no requiere ya de las nominaciones del mismo certamen que ignoró a Scorsese tantos años, que dejó sin premios a obras maestras de Hitchock o Kubrick, lo que sí requiere es ser vista, experimentada y discutida. Mikel comparte entusiasmo y dedicó elogios al film.
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Interesante, Critica de la pelicula Un método peligoso - 04/12/2011 19:00:00

"David Cronenberg es un cineasta atípico, surgido del cine de terror y que ya hace un par de décadas que derivó, inteligentemente, hacia otros temas generalmente tan turbios como el género que le dio fama, pero con otros ingredientes. En su cine hay cimas (Inseparables, M. Butterfly, Una historia de violencia, Promesas del Este), pero también simas (la insportable Spider). Su cine, también, bascula entre la comercialidad del cine independiente y los experimentos más extraños (eXistenZ, El almuerzo desnudo). Con este Un método peligroso Cronenberg parece querer mezclar ambas facetas de su filmografía, no tanto porque el tema sea raro, sino por el argumento en sí mismo, tomado de la obra teatral de Christopher Hampton, nada menos que una ficción sobre la relación profesional y personal que mantuvieron los padres de la psicología moderna, Sigmund Freud y Carl Jung, con el vértice de la paciente del segundo de ellos, una mujer rusa, Sabina Spielrein, a la que Jung curó, convirtiéndose en una de las especialistas más reputadas de su país en el estudio de la mente humana.
Pero el tema no puede ser más árido: si no se está familiarizado con el psicoanálisis, la jerga tecnicista que usan Freud y Jung se hace a ratos ininteligible, y el espectador termina importándole una higa lo que le pase a la rusa, al psicólogo suizo, a su mujer, a su amante y al psicoanalista austríaco. Tampoco Cronenberg parece especialmente inspirado, si bien ofrece destellos de ese mundo oscuro y turbio que con tanta frecuencia abundan en su mundo; en concreto, toda la relación sexual entre Jung y Sabina Spielrein, de corte sadomasoquista con ribetes de dependencia mutua.
Por supuesto, no estamos ante un filme deleznable; Cronenberg, salvo en el caso de Spider (donde se pasó de rosca con la experimentación), no ha hecho en su vida una mala película. Pero es evidente que no estamos ante una de sus mejores obras, ni mucho menos.
Interesante interpretación de Michael Fassbender, en un registro tan distinto del de Shame; pero la que se enfrenta a un papel complicado es Keira Knightley, especialmente en la primera parte del filme, cuando aún aparece afectada por la psicopatía de la que le curará Jung, un segmento del filme que requerirá de un notable esfuerzo de composición que la actriz inglesa resuelve con solvencia
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Noticia, Critica de la pelicula 13 asesinos - 10/09/2011 19:00:00

"De Takashi Miike apenas conocemos en España una mínima parte de su copiosa filmografía, pero lo poco que conocemos es interesante. Es el caso de Llamada perdida, estimable aportación al cine de horror nipón, que causó estragos hace unos años y aún hoy sigue provocando escalofríos… Pero Miike es un cineasta versátil, que sirve igual para un roto que para un descosido (a la manera de los directores yanquis de los años cuarenta y cincuenta), y aquí lo demuestra con una película en las antípodas, un filme "de época", ambientado en el Japón de mediados del siglo XIX, cuando aún subsistía el sistema del shogunato, especie de gobierno que recaía en el shogun o comandante militar, que ejercía el poder absoluto en nombre del Emperador, y que se mantuvo como sistema de gobernanza hasta pocos años antes de la época que refleja esta cinta.
Miike opta por introducir la historia a través de una fotografía tenebrista, oscura, casi de película de terror, que nos anticipa la catadura del antagonista, el futuro shogun, un hombre de inconmensurable poder pero dotado de una crueldad más allá de toda humanidad. A partir de su retrato como ser impío, felón y vesánico, se plantea la conspiración de un grupo de samuráis que se conjurarán para acabar con el sátrapa. La lucha contra el militar vesánico se convertirá en el leit motiv de la historia, un grupo de soldados contra un ejército que le supera en número en una relación de uno a diez. Así las cosas, la última hora del metraje constituye un auténtico tour de force, cómo poner en imágenes la lucha de trece samuráis contra ciento treinta, sin que resulte inverosímil el hecho de que los conspiradores peleen con éxito con una tan abrumadora fuerza enemiga, ni que resulte cansina tanta pugna a espada, lanza, flecha o pura estaca.
Miike sale airoso del trance, a base de combinar con acierto diversos escenarios dentro del pueblo en el que se desarrolla esa última fase de la cinta, y, sobre todo, jugando cartas realistas a la hora de ir haciendo caer, poco a poco, con cuentagotas, a los trece samuráis, sin infundirles poderes taumatúrgicos sino, en todo caso, confiriéndoles la fuerza de los que luchan con total determinación por lo que creen justo y correcto.
Filme rodado con una virtuosidad notable, con una sensación de verismo que con frecuencia es tan difícil en el cine de acción o bélico, 13 asesinos es una muestra de cómo ha evolucionado el cine de artes marciales desde el que protagonizara Bruce Lee en los años setenta, desde un cutre cine de barrio hasta éste que se exhibe, y con éxito, en los exquisitos circuitos de cine independiente y de arte y ensayo.
Takashi Miike es siempre una apuesta segura: es un cineasta técnicamente muy bien dotado, buen narrador y con ideas cinematográficas interesantes; asistir a cualquiera de sus películas tiene la garantía de que difícilmente va a aburrir, y además, como en este caso, puede darnos algunas nociones de Historia de un país cuyo pasado, mal que pese a algunos, sigue tan presente en una sociedad hipertecnologizada: ese universo de honor al que tan repetidamente aluden los samuráis quizá no esté tan lejos de la ética del trabajo a destajo de los nipones actuales. Y es que, tal vez, el honor, como la materia, ni se crea ni se destruye, sólo se transforma…
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Interesante, Lima se prepara para primer festival de cine independiente - 29/05/2011 5:21:27

Festival busca rescatar el trabajo de los joacute;venes cineastas que filman sus peliacute;culas en formato digital y con bajo presupuesto.

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Interesante, Creador del cine independiente viene al Perú - 21/03/2011 12:43:33

Dov Simens, mentor de Tarantino, Guy Ritchie, Chris Nolan, entre otros, visitaraacute; Lima para dictar seminario acute;Hollywood en Peruacute;acute;, para cineastas, productores y actores.

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Consulte Información en Farandula El festival de Teatro Peruano y Los premios Tony En el 2005 la obra fue reestrenada
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Faranduleando Per�

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